Fotos: José Luis Hernando

 

Hablar de Soda Stereo es hablar de una de las bandas fundamentales del rock argentino y latinoamericano. Formada en Buenos Aires en 1982 por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, la banda logró transformar el panorama musical de la región y convertirse, con el paso de los años, en una referencia imprescindible del rock en español. Desde sus primeros trabajos, Soda Stereo combinó rock, pop, new wave y sonidos electrónicos con una identidad propia que contribuyó decisivamente a consolidar un circuito de rock en español que hasta entonces tenía una dimensión mucho más limitada.

La banda y, especialmente, la obra de Gustavo Cerati dejó una huella profunda en numerosos músicos y artistas latinoamericanos. Por eso, más de una década después del fallecimiento de Cerati, Soda Stereo continúa siendo objeto de análisis, homenaje y revisión. Es desde ese legado, desde donde comenzamos la crónica del concierto que nos dejó en el Movistar Arena de Madrid bajo el marco de su ambicioso proyecto «ECOS».

Soda Stereo sin Cerati no es Soda Stereo, pero sin embargo esta gira se sumerge en una propuesta completamente distinta: una proeza audiovisual e inmersiva donde el pasado y el presente colisionan sobre un escenario. La tecnología ha permitido desarrollar un complejo entramado audiovisual para “traer” a Gustavo Cerati al presente mediante una ilusión óptica hiperrealista entrenada con inteligencia artificial, a la que han añadido pistas de audio originales para aislar su voz y su guitarra. A su vez, Alberti y Bosio tocan en directo apoyados por un sistema de sincronización que enlaza las señales originales con sus instrumentos, todo ello arropado por mallas de proyección tridimensional y gafas 3D entregadas al público para disfrutar de algún tema.

Esto ha generado un debate entre la devoción por mantener viva la herencia y la ausencia inevitable del contacto humano. El viaje comenzó en penumbra cuando las notas de “Ecos, esa pieza angular que definió el salto del grupo hacia texturas de corte new wave, prepararon el terreno para la arrolladora “Juegos de seducción”, fundamental en su catálogo más bailable. Seguía la cadencia y ese groove funk-pop característico de los ochenta en “Nada personal”, uno de los himnos que consolidó el fenómeno de la «Sodamanía» por toda Latinoamérica. Las elegantes pulsaciones del bajo de Zeta Bosio fueron el hilo conductor con la hipnótica “Hombre al agua”, mientras que los arreglos orquestales, el pulso psicodélico y la voz aislada de Gustavo en “Ella usó mi cabeza como un revólver”, retumbó con una nitidez que ponía los pelos de punta.

Siguieron con el himno andino-pop de “Cuando pase el temblor”, donde usamos las gafas 3D entregadas al acceso, para intentar sumergirnos en una ilusión tridimensional envolvente. En esa misma línea le siguieron la atmósfera onírica de “Luna roja” y “Toma la ruta” que demostraron la vigencia de su etapa más vanguardista, dejando paso a dos pesos pesados en su discografía como son “En el séptimo día” y “En la ciudad de la furia”.

Entre el público, obviamente con la comunidad argentina reunida en masa, se podía escuchar los gritos de ‘¡Soda, Soda!’ entre canción y canción. Turno de “Sobredosis de TV”, tan dinámica como festiva con ese dance-punk de tempo trepidante, ejerciendo de preludio perfecto para la atemporal “Persiana americana”, una de las canciones más reconocibles del rock en español a nivel mundial y que transformó el Movistar Arena en casi un coro de estadio.

Entrabamos al último tercio del concierto con la elegancia de “Entre caníbales” y la luminosidad pop irresistiblemente pegadiza de “Zoom”. Sin embargo, el pasaje más melancólico y atmosférico se vivió con “Planeador”, flotando sobre frecuencias etéreas, seguida por los toques electrónicos de “Caja negra” y el zarpazo certero a la distorsión noventera con “Primavera cero”, reafirmando que el catálogo de los tres bonaerenses no ha perdido ni un solo ápice de su fuerza original.

Y ahora sí, “Prófugos”, que siempre me ha recordado a Héroes del Silencio por cierto, ponía la alfombra roja para “De música ligera”, interpretada con Zeta Bosio y Charly Alberti ubicados en dos pequeños escenarios satélite al fondo la pista mientras las pantallas proyectaban históricas actuaciones de Cerati. Simplemente hay que vivirla en directo.

La tecnología y el holograma puede devolver la voz y la imagen pero no sustituir el calor humano. ¿Estamos ante el principio de una nueva era? Sea lo que sea, el tiempo dirá y cada cual tendrá su opinión. Mientras tanto… ¡Gracias Soda Stereo!