Por Victor Robi
Dentro del ciclo de conciertos de Mazo Madrid, la sala El Sótano acogió una velada marcada por la psicodelia y la experimentación, con los chilenos Chicos de Nazca y los alemanes Camera como protagonistas de una noche tan envolvente como estimulante.
Los primeros en subir al escenario fueron Chicos de Nazca, que aparecieron entre sombras y una iluminación mínima, creando desde el primer minuto una atmósfera propicia para sumergirse en su universo sonoro. La banda chilena desplegó una combinación de psicodelia y rock de aroma stoner construida sobre guitarras expansivas, desarrollos hipnóticos y una interpretación vocal que emergía con suavidad entre las capas instrumentales. Por momentos, su propuesta remitió a la amplitud melódica de The War on Drugs, mientras que en otros encontró puntos de conexión con la sensibilidad psicodélica de Mikal Cronin.
El grupo fue ganando terreno poco a poco gracias a un repertorio que encontró un sólido equilibrio entre la ensoñación psicodélica y la pegada rock. Temas como I Need To See If I Got To Go, Bring Me Out e I Wanna Bring You Here sirvieron para mostrar la riqueza de matices de una formación capaz de moverse con naturalidad entre pasajes contemplativos y estallidos de intensidad. Lejos de quedarse en la mera recreación de un sonido familiar, los chilenos lograron dotar de personalidad a cada una de sus composiciones, firmando una actuación que fue creciendo con el paso de los minutos hasta dejar a los presentes con la sensación de haber asistido a uno de esos conciertos que merecen mayor atención de la que reciben.
A continuación llegó el turno de Camera, que condujo la noche hacia territorios más oscuros y experimentales. El trío berlinés se apoyó en las señas de identidad del krautrock para construir largos desarrollos instrumentales en los que también afloraban elementos del post-rock y de una electrónica inquietante. Su propuesta no buscaba el impacto inmediato, sino atrapar al oyente a través de la repetición, el trance y la acumulación progresiva de tensión.
A medida que el concierto avanzaba, los pasajes más contemplativos fueron transformándose en secciones cada vez más intensas, industriales y frenéticas. Camera demostró un absoluto dominio de las dinámicas, alternando momentos de calma hipnótica con explosiones sonoras de gran potencia. El resultado fue una actuación absorbente y desafiante que puso el broche perfecto a una noche donde la psicodelia más melódica y la exploración sonora convivieron con total naturalidad.




