Tres décadas después de irrumpir en el rock alternativo con su estética andrógina y riffs afilados, Placebo hacía parada el Movistar Arena de Madrid en su gira de 30º aniversario. El dúo formado por Brian Molko y Stefan Olsdal planteó esta gira como un viaje exclusivo a sus raíces, rescatando de forma casi íntegra las composiciones de sus dos primeros discos: ‘Placebo’ (1996) y ‘Without You I’m Nothing’ (1998). Una cita nostálgica que celebró tres décadas de oscuridad y comunión.

Pero antes de que sonara un solo acorde, las pantallas del Movistar Arena proyectaron una consigna contundente: «You’ll remember the moment, not the recording. Better without your phone. Let’s share this together». Brian Molko y Stefan Olsdal quisieron recuperar aquel pacto de intimidad de los noventa, cuando la música se quedaba grabada en la memoria y no en la pantalla de un teléfono móvil.

El viaje comenzaba formalmente sobre un telón con una cuenta atrás que retrocedía año a año desde 2026 hasta 1996, entrelazada con fragmentos audiovisuales de su trayectoria. Al llegar a los orígenes, una frase aparecía como declaración de intenciones: “PAST IS NOW PRESENT”. Acto seguido cayó el telón para que “Pure Morning” inaugurara la noche con ese loop hipnótico, arropado por un bajo denso de trazo monocromático y guitarras saturadas que iban creciendo progresivamente. Sin darnos un segundo de tregua, atacaron “Come Home”, ese sencillo germinal que nos llevaba a los orígenes inyectado de urgencia punk juvenil, “You Don’t Care About Us”, sostenida por la inconfundible voz nasal y melancólica de Molko, la alienación juvenil de mediados de los noventa atrapada con la punzante “Teenage Angst” y “Bionic”, ese tema que fusiona la crudeza del indie rock con cadencias industriales casi a la perfección.

Cabe destacar que, durante toda la velada, Molko vigiló sin tregua al personal de seguridad, llamándoles la atención con un toque en el hombro si era necesario cuando detectaba cualquier teléfono móvil o pantalla dirigida al escenario. La verdad que ver un mar de gente focalizada sobre la música y sin distracciones digitales, es algo que deberíamos recuperar más a menudo.

Llegaban las primeras notas de “Without You I’m Nothing” envolviéndonos en un abrazo nostálgico donde resonó el fantasma de David Bowie en la memoria de todos los que estábamos allí presentes. Un naufragio melancólico donde hundirse es el único consuelo. Sin tregua atacaron “Allergic (to Thoughts of Mother Earth)”, el termómetro de “36 Degrees” y a la introspección límpida de “I Know”, demostrando que el catálogo temprano de los británicos conserva aún un filo emocional capaz de cortarnos el aire. La intensidad volvía a elevarse con la secuencia rabiosa formada por “Brick Shithouse” y “Scared of Girls”, donde las guitarras distorsionadas crearon una pared de sonido tan potente como hipnótica. El único pero que le pondría sería la mezcla desde la mesa de sonido que en ocasiones elevaba el sonido a frecuencias innecesarias.

En contraparte, la siguiente en sonar fue “My Sweet Prince”, una de las baladas más trágicas, oscuras y de culto del grupo, seguida por la delicadeza de “Lady of the Flowers”. Pasamos del origen al presente con “HELEN KELLER”, el reciente sencillo que la banda estrenó este mismo 2026 inspirado en su antigua pista instrumental oculta “H.K. Farewell” que cerraba su maravilloso álbum debut homónimo en 1996. Un puente perfecto entre el presente y el pasado que sirvió de preludio para el tramo final, donde se dejaron un par de ases en la manga: la primigenia “Bruise Pristine” y la archiconocida “Nancy Boy”, donde el bajista Stefan Olsdal abandonó el escenario para darse un baño de masas directamente con las primeras filas.

Llegábamos al final con la inmortal “Every You Every Me”, una revisión industrial del “I Feel You” de Depeche Mode y el “Running Up That Hill (A Deal With God)” de Kate Bush. Al final, entre la distorsión analógica, la memoria intacta de dos discos fundamentales y la renuncia voluntaria a las pantallas por una noche, nos quedó la certeza de que Placebo pertenece a ese espacio atemporal que siempre es necesario revisitar de vez en cuando.