Por Victor Robi
Una nueva cita del Mad Psych Fest volvió a demostrar la amplitud de miras de un ciclo que acostumbra a reunir propuestas muy distintas bajo un mismo techo. En esta ocasión, la noche quedó en manos de Nuevos Mundos y los suizos Hubris, dos bandas separadas por estilos y procedencias, pero unidas por su capacidad para construir paisajes sonoros capaces de transportar al público lejos de la rutina cotidiana.
Los encargados de abrir la velada fueron Nuevos Mundos. Su propuesta remitió por momentos a la faceta más sombría de Los Planetas, mientras que algunas guitarras afiladas evocaban el nervio melódico de Dinosaur Jr. Con una colección de canciones cargadas de atmósferas y emoción, el grupo fue ganando terreno poco a poco hasta firmar un arranque de noche más que convincente. Sus melodías funcionaron como una invitación a despegar hacia otros lugares, sentando las bases perfectas para lo que estaba por venir.
El segundo acto correspondió a Hubris, una de las bandas que llegaba con mejores referencias recientes tras colar su último trabajo entre los lanzamientos más destacados de septiembre de nuestra web. Desde los primeros compases quedó claro que el cuarteto suizo atraviesa un momento especialmente inspirado. El concierto arrancó con un tono casi místico y encontró rápidamente la respuesta de un público entregado a la propuesta.
Sobre el escenario, Hubris confirmó todas las buenas sensaciones que desprende su último álbum. Las composiciones fueron creciendo de forma orgánica, alternando pasajes contemplativos con otros de mayor intensidad. En uno de los momentos más destacados de la actuación, una poderosa batería tomó las riendas para conducir al público hacia escenarios luminosos y expansivos. La ejecución fue impecable durante toda la hora de concierto, aunque por desgracia no todos los asistentes contribuyeron a generar el ambiente de silencio y atención que una música tan rica en matices requería.
Nada de eso impidió que la banda mantuviera el pulso en todo momento. El ritmo no decayó, encadenando crescendos y cambios de dinámica que mantuvieron a los presentes completamente atrapados. No hubo pausas en ese viaje instrumental trazado por los suizos, un recorrido evocador que parecía atravesar montañas, lagos y horizontes infinitos. El tiempo pasó volando y, cuando llegó el final, la sensación general fue que aquella hora había sabido a muy poco.
Una sonora ovación despidió a Hubris y puso el broche a una noche que volvió a confirmar la excelente salud de un Mad Psych Fest que sigue apostando por la diversidad y el descubrimiento. Dos conciertos muy distintos, pero complementarios, que dejaron una de esas veladas que invitan a seguir explorando nuevos mundos sonoros.





