Crónica: Victor Robi

 

Me acercaba otro día más a la Wurlitzer para apreciar a una de las bandas más interesantes de la escena independiente. Modern Nature arrancaron su actuación con un inicio sensible, un comienzo casi meditativo que sirvió para ajustar el pulso de la sala y que funcionó como puerta de acceso a su universo sonoro.

El ambiente se asentó definitivamente con Radio, donde las voces empezaron a proyectarse con claridad y a abrir espacio, marcando el primer gran momento de la noche. A partir de ahí, con el melocotonazo Pharoah, el concierto se convirtió en un viaje sonoro donde cada rasgado de guitarra levantaba un pelo de la piel, con una música que se saborea, se pedalea y te engulle. La química entre Cooper y Cunningham, evidente desde los primeros compases, se desplegó en un diálogo de guitarras que ampliaba la profundidad del sonido.

El cuarto tema se reservó para una novedad titulada Things, todavía fresca, que mostró la faceta más exploratoria de la banda. Después llegó Glance, una auténtica descarga eléctrica de emociones y uno de los momentos más intensos del concierto. Sin embargo, el directo también dejó instantes en los que faltó contundencia, como si la banda dudara entre la contención y el despegue, algo que se notó especialmente en Don’t Let Me Down, donde el sonido fue irregular, en ocasiones excesivamente bajo y en otras excelso.

Tras ese vaivén, la banda introdujo Takeover, que ayudó a recuperar el pulso antes de adentrarse en Source, un tema donde la repetición y el movimiento circular marcaron el ritmo. El concierto continuó con Passing, que reforzó la sensación de viaje continuo, y con Performance, uno de los pocos desvíos respecto a la trama principal que suponía The Heat Warps, aportando un punto de densidad emocional y una estructura más clásica dentro del set.

El tramo final comenzó con Alpenglow, un tema que funcionó como transición hacia una parte más expansiva del concierto, seguido por Zoology, donde la banda jugó con texturas y patrones que parecían girar sobre sí mismos, acompañados de unos coros magnéticos. Fue un momento de inmersión total, casi hipnótico, que preparó el terreno para el cierre.

La despedida llegó con Totality, escrita a partir de la experiencia del eclipse solar de 2024, un tema que devolvió el foco a la naturaleza, eje conceptual del proyecto Modern Nature. Aquí la banda ofreció el mejor sonido de la noche, como si por fin hubiera encontrado el equilibrio que buscaba desde el inicio, regalando un final íntimo, preciso y luminoso.

Fue una actuación muy buena que se movió entre altibajos técnicos, dudas interpretativas y destellos de belleza capaces de justificar cada silencio y cada espera. La sensación final fue la de una banda que se vive más que se escucha, una experiencia que avanza entre la fragilidad, la intención y la búsqueda constante de un sonido que haga sentido en un mundo que no siempre lo tiene.