Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla

 

Concierto perteneciente a la gira presentación del sexto álbum del británico Matt Maltese (esta vez sin banda soporte) que lleva por título Hers (2025), donde tras la colección de versiones de Songs That Aren’t Mine que llegó tras una serie de colaboraciones y sesiones de estudio de alto perfil con Celeste, Tom Misch y otros, ha cambiado de rumbo, centrándose intensamente en su composición y la relevancia de sus experiencias vitales.

Matt Maltese siempre ha buscado fusionar lo clásico, lo familiar, con algo más idiosincrásico e individual. A menudo comparado con Randy Newman o Father John Misty, su dulce estilo melódico, al estilo McCartney, envuelve la oscuridad de sus letras, tocando la fibra sensible generando ambientes íntimos en sus actuaciones.

La cita era en la Sala Villanos de la mano de Houston Party con una entrada que rozaba el Sold Out y fans en la puerta desde las 2 de la tarde (me sorprendió el fenómeno fan que arrastra este artista).

Tras la apertura de puertas la sala se llenó de un público muy joven, algo extraño por el tipo de música que el británico nos tiene acostumbrado, más propenso a seguir a artistas más urbanos/latinos.

La espera era amenizada por la cantante inglesa Sophie May, se situaba en una esquina que quedaba libre, ya que el escenario estaba ocupado por el piano y el sintetizados que usaría Matt. Saludó al público antes de comenzar su interpretación de Some Italian Mountain. El ritmo pausado creó una atmósfera apacible mientras May tocaba su guitarra, arrullando a muchos que escuchaban a la cantante por primera vez. Al mencionar esto, compartió una anécdota interesante que sirvió de contexto para su siguiente canción, Brian Cox, cuyo nombre, muy acertadamente, hacía referencia a un renombrado físico. Tras interpretar un par de canciones más, incluyendo un tema inédito con tintes apocalípticos, May cerró su set con Lover Boy.

Poco después, las luces se apagaron y el público estalló en júbilo con una ola de teléfonos móviles grabando cuando Matt Maltese hizo su entrada con el tema Buses Replaces Trains, un himno pop de su último trabajo. Con la introspectiva Rom Com Gone Wrong con un ritmo lento y pausado cautiva al público que mantiene un silencio sepulcral, algo que no he visto en otros conciertos salvo en Magnetic Fields.

Con el ritmo a lo Bee Gees de Curl Up & Die, casi se puede oír cómo se le rompe el corazón al recordar la vez que “adoraba la toalla en la que te secabas”. La sutil Night Club Love y la pegadiza Everybody just as crazy daban paso al cambio de set donde tomaba asiento en el synthe.

Con algún problema inicial con el sonido que subsanaron rápidamente en el tema Mystery, teníamos reservados temas del calado de Madhouse, su éxito Jupiter, Always some MF y la pegadiza Like a Fish, mientras mostraba su personalidad con su humor desenfadado entre canción y canción.

Volvía al piano con Arthouse Cinema, sorprendiéndonos con la colaboración de Sophie May en modo dueto en una nueva versión del tema (sin su clarinete tan especial), en una melancólica meditación sobre el escape a través del cine. El público aprovechaba los interludios para aplaudir, gritar, arropar al británico con todo tipo de pancartas y regalos que dejaban sobre el escenario. Se acercaba al final del concierto en el que incluyó su primer éxito de 2017  la balada As the world caves y la directa y sutil Anytime anyplace antes de retirarse del escenario.

Tras un bis muy solicitado, el cantante concluyó con un par de canciones ante el delirio de la fans. Cure for Emptiness y la canción más conmovedora, Everyone Adores You (at least I do), una de las favoritas, antes de despedirse de un público fiel como pocos que se abalanzaron sobre el escenario a fin de conseguir algún recuerdo del artista.

Concierto para disfrutar del pop de cámara, que este jovencísimo crooner, ha sabido hacer llegar a todo tipo de públicos. Es fácil pensar que ver al artista es lo que hace especial un concierto, pero este espectáculo me recordó que las mejores actuaciones no siempre se basan en lo visual; a veces, se basan en lo sonoro.