Crónica: @mr.barciela
Tras quince años desde su separación, el sentimiento garrapatero volvió al Movistar Arena de la mano de Los Delinqüentes, que celebraron el veinticinco aniversario del lanzamiento de su primer disco con una noche cargada de nostalgia, alegría y ese buen rollo que siempre ha acompañado a la banda.
Los Delinqüentes nacieron en Jerez de la Frontera con una forma muy particular de mezclar rumba, flamenco y espíritu callejero, creando lo que ellos mismos bautizaron como “sentimiento garrapatero”. Al frente estaban Miguel Ángel Benítez, “Er Migue”, Marcos del Ojo, “El Canijo”, y Diego Pozo, “El Ratón”, tres nombres que dieron forma a un sonido fresco y diferente que conquistó a toda una generación con su primer disco, El sentimiento garrapatero que nos traen las flores (2001).
La muerte del Miguel en 2004, con solo 21 años, marcó un antes y un después en la historia del grupo. Su ausencia dejó una huella imposible de llenar y su recuerdo sigue siendo el alma más presente de la banda. Ahora, en 2026, Los Delinqüentes han regresado a los escenarios para celebrar los 25 años de aquel primer álbum, en una gira que también funciona como homenaje permanente a quien fue uno de sus pilares fundamentales.
Los bares cercanos al Movistar Arena estaban repletos de garrapateros, como se conoce a los seguidores de la banda jerezana. Camisetas con la icónica garrapata, otras con el rostro del “Er Miguel” y grupos de amigos guitarra en mano convertían los alrededores en un auténtico preconcierto improvisado. El ambiente era tan festivo que, llegada la hora prevista para el inicio, muchos todavía seguían fuera, cerveza en mano, alargando la previa. Como anécdota, fueron los propios Delinqüentes quienes tuvieron que subir una story a sus redes sociales avisando de que retrasaban unos minutos el comienzo porque gran parte del público aún no había entrado. Muy en su estilo, con ese desenfado tan del sur.
Con el recinto ya lleno y todas las entradas agotadas desde hacía meses, las luces se apagaron y en las pantallas un grafiti fue dibujando lentamente el nombre de Los Delinqüentes. Tras esa introducción, El Canijo y El Ratón aparecieron en escena con las guitarras en la mano para interpretar de forma íntima los primeros acordes de “Estoy sentado en mi cama”, mientras el resto de la banda se incorporaba poco a poco. El estallido definitivo llegó con “Esos bichos que nacen de los claveles”, acompañada por la imagen y la voz del Miguel proyectadas en pantalla y perfectamente sincronizadas con la música en directo. El Movistar Arena respondió con una explosión de emoción, alegría y nostalgia. Así arrancaba una fiesta de casi tres horas en la que no sobró ni un solo minuto.
La figura del Miguel estuvo presente durante toda la noche. No solo en el recuerdo constante del público, sino también sobre el propio escenario gracias a la tecnología, que permitió recuperar su voz original sincronizada con la interpretación en directo. Sus partes sonaban como si siguiera allí, compartiendo escenario con sus compañeros y manteniendo intacta esa conexión emocional con sus seguidores.
La primera parte del concierto estuvo dedicada a El sentimiento garrapatero que nos traen las flores, el disco que cumple veinticinco años y que cambió para siempre la historia del grupo. El arranque fue una auténtica traca de himnos con temas como “A la luz del Lorenzo”, “Uno más”, “Duende garrapata” y “El aire de la calle”, probablemente la canción más representativa del universo Delinqüente y una de esas piezas que ya forman parte del cancionero popular español.

El setlist estuvo compuesto por un total de treinta y una canciones que recorrieron prácticamente todo el legado de la banda, con especial protagonismo para aquel primer álbum, aunque sin olvidar ninguno de los grandes clásicos que el público llevaba años esperando volver a escuchar en directo. La única norma dentro del pabellón era disfrutar, cantar y celebrar entre amigos. Sonaron también “De los matorrales”, “Poeta encadenado”, “Caminito del almendro” o “La niña de la palmera”, entre muchas otras. El sonido instrumental fue impecable, aunque en algunos momentos la voz del Canijo quedaba algo baja en la mezcla. Poco importó, el público cantó cada tema de principio a fin. Mención especial merece la banda que los acompaña, especialmente la percusión, las palmas flamencas y la guitarra del Ratón, que volvió a demostrar una ejecución hipnótica y elegante.
Además del homenaje constante al Miguel, la noche también tuvo un recuerdo especial para Robe Iniesta, líder de Extremoduro, fallecido el pasado diciembre. Los Delinqüentes quisieron rendirle tributo interpretando “La vereda de la puerta de atrás” llevándola a su terreno, con un aroma flamenco y garrapatero que emocionó profundamente a todo el Movistar Arena.
En la recta final llegó “Primavera trompetera”, otro de los grandes himnos del grupo y uno de los momentos más coreados de la noche. Después se vivió una de las grandes sorpresas con “Pirata del estrecho”, cuando apareció sobre el escenario Muchachito para interpretarla junto al Canijo. La emoción fue aún mayor con la presencia de La Excepción, la banda liderada por El Langui y Gitano Antón, reuniendo sobre las tablas a todos los protagonistas originales de aquella canción de 2006. El tema se alargó enlazando con una canción de La Excepción y con “Ojalá no te hubiera conocido nunca”, en una divertida encerrona a Muchachito que todo el recinto celebró.
Para cerrar la noche, “El abuelo Frederick”, “Chinchetas en el aire” y “Trabubulandia” pusieron el broche final a una velada cargada de fiesta, emoción y memoria. Un regreso esperado durante años que confirmó que el sentimiento garrapatero no entiende de despedidas, solo de reencuentros.





