Crónica y Fotos: Sergio García Lavilla

 

Concierto presentación del último trabajo de la banda británica JUNGLE, que lleva por título Sunshine (2026), donde se consolidan como los reyes de la pista fusionando electrónica con soul y funk, uniendo calidez humana, precisión electrónica y una luminosa nostalgia a sonidos house de los 90s.

Fundada a principios de la década de 2010 en Shepherd’s Bush, Londres, por los amigos de la infancia Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland, Jungle nació bajo un aura deliberada de misterio visual para situar la música y la danza en el epicentro absoluto del proyecto. Desde su aclamado debut homónimo en 2014, pasando por la madurez funk de For Ever (2018), la euforia post-pandémica de Loving in Stereo (2021), pero el punto de inflexión decisivo llegó con Volcano (2023), catapultado por el fenómeno global de Back on 74 donde evolucionaron hacia una orquesta escénica expansiva, un colectivo donde conviven vocalistas de apoyo, percusionistas y multiinstrumentistas de calibre internacional, entre ellos Lydia Kitto, cuya presencia compositiva y vocal ha resultado indispensable en la última etapa de la banda.

Con esta carta de presentación y de la mano de Primavera Tours, la cita era en el Movistar Arena, después de su paso por Portugal. Mientras el público apuraba sus consumiciones en las innumerables terrazas próximas al recinto, los que entraron para coger primeras filas tuvieron su recompensa al ver al dúo Rio Kosta, formado por los multiinstrumentistas Mike Del Rio y Kosta Galanopoulos, que nos hacían recordar con sus sonidos globales a Khruangbin.

Unos minutos sobre la hora prevista y tras la lona que cubría el escenario, iban tomando posiciones el elenco que compone Jungle, donde una imponente estructura retroiluminada en tonos ámbar y terracota definía el horizonte, evocando la calidez estética del nuevo álbum, dotando al escenario de un aura especial.

El inicio de la noche corría a cargo de Smile, con su sonido funk de los 70s arrancó una ovación general que fue el inicio de una noche de baile, fiesta y mucho groove. Apenas se disipa el último compás de apertura cuando irrumpe la icónica línea de bajo de The Heat, rescatando la pureza de su debut discográfico, la transición hacia Heavy, California sube las revoluciones con un estallido de energía West Coast que desata los primeros saltos masivos en la pista.

La progresión se vuelve irresistible cuando resuena Beat 54 (All Good Now), seguida de la sofisticada cadencia de Problemz, la calma y el soul delicado de Someday, Somewhere, que dan paso al primer gran guiño contemporáneo con Let’s Go Back.

El sonido en sala es rotundo, pulcro y profundamente dinámico, algo que últimamente se echaba de menos en el Movistar. Jungle es el mejor apropiándose del breakbeat británico de finales de los noventa, barnizándolo con un soul aterciopelado que suena inequívocamente actual, que hace que sus conciertos sean una auténtica rave diurna.

Con la sala entregada al influjo del nuevo álbum, Jungle encadena sin respiro dos de los mayores impactos de su era reciente, el drum and bass ligero de Candle Flame y el soul tropical de Dominoes provoca un estallido colectivo.

El clímax arranca con la inconfundible elegancia de Casio, el redoble característico de Back on 74, que eleva el concierto a otra dimensión y la actitud desafiante y rítmica de What D’You Know About Me, antes de desembarcar en Time, otro tótem de su primera etapa que el público celebra como un himno generacional.

Llegamos al final en el que la banda reserva dos inyecciones de pura adrenalina con All of the Time y GOOD TIMES, donde el estribillo es cantado a pleno pulmón por miles de gargantas, convirtiendo el espacio en una celebración comunitaria donde se borra cualquier distancia entre artista y espectador. Los músicos saludan abandonando el escenario entre un clamor ensordecedor.

El regreso al escenario para los bises no se hace esperar, con el riff infeccioso de violines sintetizados dan paso a Keep Moving, donde el mensaje de resiliencia y movimiento perpetuo sacude la pista, con un bajo sintetizado que hace temblar el suelo del recinto. El broche de oro final, ineludible y triunfal, llega de la mano de Busy Earnin’, el clásico que presentó a la banda al planeta en 2014 suena hoy con el peso, la contundencia y la solidez de doce años de carretera ininterrumpida. La sección de viento sintetizada, los metales sampleados y los golpes de percusión manual concluyen en un crescendo apoteósico que deja a la sala suspendida en un estado de trance colectivo.

Jungle abandona el escenario, dejándonos con muchas ganas de fiesta, consolidando el imperio sonoro imperecedero que les caracteriza, donde el ritmo, el alma y la celebración compartida siguen siendo la respuesta definitiva ante los vaivenes de la vida.