Crónica: Carlos Serrano / Fotos: @viktoraguirre_
El pasado 2 de octubre en el Palacio de Vistalegre de Madrid, tuvimos la fortuna de disfrutar la alineación de tres bandas de metal con carácter femenino, cada una con su propio sello, orígenes e incluso público generacional, convirtiéndose en una gran noche para los amantes del rock con sello femenino: Nova Twins, Poppy y, por supuesto, Evanescence.
Ya de entrada destacar que la elección de las bandas invitadas a telonear es de agradecer por aportar variedad y musicalidad distinta al plato principal, parte del truco de acertar y que los asistentes tengan la oportunidad de escuchar otros ángulos del prisma metalero. Entramos al menú.
Nova Twins, metal con acento hip hop británico a la carga.
Dúo formado en Londres por Amy Love (guitarra/voz) y Georgia South (bajo), este dúo ha revolucionado la escena británica gracias a su explosiva mezcla de urban punk, grime y rock pesado. Sin teclados ni sintes externos, consiguen su sonido caracrterístico gracias al dominio de la pedalera de Georgia. Por ello, entre otras cosas, el grupo es bendecido ni más ni menos que por un tal Tom Morello, y colaboran con pesos pesados actuales como Bring me the Horizon.
Ya nos visitaron justo hace justo un año en Madrid, en la Sala Villanos, en el que repasaron sus 3 álbums de estudio. Demuestran una energía y derroche en el escenario que deja con la boca abierta al espectador, si bien en Vistalegre quedaron un tanto desmerecidas por un rertaso importante en el acceso al recinto dado que la entrada empezó a las 19.00 justo cuando ellas empezaban, y no tuvieron mucho público hasta casi el final del show.
Saltaron al escenario con una energía aplastante. Temas como Cleopatra, Choose your fighter, Antagonist y K.O.B.O.S. transformaron las primeras filas en un auténtico hervidero, y Amy animaba al púlico con su empuje claramente urbano marcado por la escena hip hop londinense, que tan bien empastan con riffs pesados y agresivos con texturas industriales.
Para el que no llegase a tiempo de verlas, apunte en la recámara. En una sala mediana tipo Villanos son una auténtica maravilla, sin parar de moverse, sonidazo del bajo de Georgia y flow marca de la casa y visitas mentales a universos paralelos a Rage Against the Machine, Royal Blood… Cuando vuelvan a Madrid, de cabeza.
Misión completada. Público caliente y con ganas de más, y estoy seguro que a más de uno le sorprendieron.
Poppy, el dulce Metalcore.
Poppy se dio a conocer en plataformas como Youtube con proyectos enigmáticos e individuales más sencillos, que fueron ganando peso hasta convertirse en casi un ícono pop, una de las figuras más transgresoras del metalcore vanguardista. Estuvo incluso nominada al Grammy por BLOODMONEY, algo muy llamativo para una artista solista femenina en categorías de metal.
Ver a Poppy en directo es adentrarse en un choque estético fascinante, y es que hay que entender su música y directo como una performance en toda su dimensión. Con una puesta en escena minimalista basada en luces estroboscópicas blancas y tonos gélidos, alternó de forma abrupta pasajes de voz angelical con sus guturales y gritos screamo.
Tocaron cortes como I Disagree, X, V.A.N y New Way Out, manteniendo al recinto enganchado a su performance. Con temas como Scary Mask y Time will Tell desarrollaron su dominio del sonido post hardcore, ráfagas de guitarras pesadas y ese ligero aroma pop que extraña y a la vez atrapa y envuelve.
La sensación en paladar es como esas gominolas con forma de cereza, que son dulces al principio, que sabes que pican como demonios al final, y aún así coges otra porque quieres el dulce del principio.
A destacar la joven banda que la acompaña, y que demostraron una técnica y puesta en escena muy auténtica, perfecta para acompañar el teatro escénico de una Poppy gélida. Un perfecto enlace con un toque gótico y más oscuro para el plato principal de la noche.
Evanescence, el triunfo de la madurez.
Llegó el turno del plato fuerte. Tras más de dos décadas de trayectoria, la banda fundada en Little Rock, Arkansas, ha sabido evolucionar sin perder la esencia trágica y melódica que revolucionó los años 2000. Es de agradecer que una banda de esta dimensión venga a visitarnos tocando practicamente la totalidad de su nuevo álbum, Sanctuary, en lugar de conformase (o conformarnos) con darnos dos o tres singles y tirar de clásicos, que los tiene de sobra para hora y media. Porque el nuevo disco de Evanescence es un absoluto discazo en el que no hay canción mala. Una joya que demuestra su madurez, evolución y capacidad compositiva sin perder la esencia de la joya de su sonido; la voz. Amy Lee. Una auténtica atleta vocal.
El Palacio de Vistalegre entero gritó cuando las luces se apagaron por completo y la escenografía sencilla, oscura, gótica y mística envolvió el escenario.
Amy Lee se adueñó de las tablas con una voz que, francamente, llena el recinto y las gargantas de los pobres ingenuos que intentamos seguirla con nuestra voz mortal. Impecable en el registro lírico, desgarradora, a un nivel altísimo y constante de ejecución con un control técnico fascinante, a pesar de la exigencia física del show. Pero sobre todo, lo que como espectador notas cuando oyes a Amy Lee es que te emociona, sabe tocar donde tiene que tocarte.
Y como a presentar disco venían, empezaron por supuesto con Sanctuary, seguida por Tell me when you’ve had enough, Afterlife y Rapture. Melodía sinfónica con metal pesado como ingrediente fuerte, y el público ya estaba entregado y con los brazos abiertos.
Una vez presentado el disco, Going Under, tema icónico del album Fallen, con el que muchos nos teletransportamos a lo que estábamos haciendo hace nada menos que viente años.
Del escenario emerge el piano de Amy Lee, toman un respiro para atravesarnos con Lithium, tema melacólico y y profundo, y Like You, tema de su disco “The Open Door”, donde nos demuestra que si potencia no está reñida con la fragilidad.
Momento para volver a la carga con Self Destruct, Calm Down y Call me when you’re sober. El sonido de las guitarras, bajo y batería sonó increíblemente empastado durante todo el concierto, a un volúmen alto pero medido, balanceado, dejando espacio a frecuencias medias para la voz, espacio sonoro para las bases sinfónicas que se lanzaban desde control, y con un juego de voces en todos los temas digno de destacar, en primer lugar por los autocoros técnicos a base de delays y reverbs de Amy y sobre todo por las armonías de Emma Anzai, bajista y corista, que daban una dimensión más a la ya impresionantísima voz de la emotiva y serena a la vez Amy Lee.
Siempre se agradece el juego dinámico de las plataformas en las baterías y más para ver al espectacular Will Hunt y su despliegue de platos y combos muy visuales, como flotando entre la niebla y rodeado de fuego.
Beautiful Lie, otro tema candidato a single del nuevo disco nos atropelló para no perder el compás, seguido de Wasted on You.
Aparece de nuevo el piano para que Amy nos dedique unas cariñosas palabras y nos ponga el corazón en un puño con Forever Withour You. Qué canción y qué interpretación… Afinación, pulso, fuerza, ternura… a mí personalmente con este tema ya me hubiera servido.
Y encaramos al final del concierto con el ya clásico podemos decir Bring me to Life (muchísimo mejor en directo que el recuerdo de la canción), Imaginary, muy celebrada por su público más fiel, About us, End of You para la que contaron con la actuación de Poppy junto a Amy demostrando que sus dos voces son dos modos diferentes de expresar un mismo sentimiento.
Piano aparece, ya sabemos que esto se nos acaba. Turno para la esperada My inmortal, con las luces móviles iluminando nuestras caras de éxtasis y por último, Wide Open Heart. Poco que decir que se parezca a la sensación de flotar en estos temas con la voz de Amy Lee, frágil pero potente, firme pero tierna, constante pero oscilante. Una auténtica atleta vocal que da gusto ver por su puesta en escena, que transmite emoción y sinceridad sin necesidad de demasiado teatro.
Evanescence se ha convertido en una de las bandas más importantes de la escena metal, con tintes góticos, por su madurez, evolución y no querer conformarse con rentas del pasado, sino seguir apostando a una composición y ejecución que realmente emociona, que entiendo es el fin último de todo esto.





