Tras conquistar el panorama hispano con su aclamado Tiny Desk y abarrotar recintos por todo el mundo, Ca7riel & Paco Amoroso aterrizaron en el Movistar Arena de Madrid en el marco de su ‘FREE SPIRITS World Tour’. La dupla bonaerense confirmó que su mezcla de música urbana, electrónica y actitud punk está muy lejos de ser un fenómeno pasajero: han convertido la extravagancia en lenguaje propio y el caos, en una forma de celebración.
Con quince minutos de retraso, una figura femenina irrumpió en escena para darnos la bienvenida. A lo largo del concierto volvería a aparecer entre bloque y bloque, mediante una serie de steps que, con sutil ironía, marcarían la cadencia sonora y visual del espectáculo. Como si aquello fuera menos un concierto que una sesión colectiva de entrenamiento, el ejercicio comenzó al ritmo sintético y ochentero de “No me sirve más” y la desfachatez pop de “Nada nuevo”, dos piezas en las que la extravagancia no funciona como adorno, sino como identidad.

La provocación es parte esencial del universo de Ca7riel y Paco, y pronto quedó claro que también lo es su sentido del humor. En “Ay ay ay” y “Muero” jugaron con cuerdas de entrenamiento en un despliegue tan original como fascinantemente absurdo. La provocación visual continuó en “Mi diosa”, con ambos tumbados sobre una camilla clínica y conectados a un electrocardiograma, antes de desembocar en la mordacidad de “Hasta Jesús tuvo un mal día”. Ver a CA7RIEL y Paco Amoroso apadrinados por Sting no es solo un choque generacional. En su colaboración, el exlíder de The Police funciona como una suerte de bálsamo zen en mitad de este colapso digital.
Siguieron la cadencia urbana de “Impostor” y “Vida loca”, justo antes de pasar del templo erigido junto a Sting a la guardería del caos montada con Jack Black al ritmo de “Goo Goo Ga Ga”. Sonaron “El día del amigo”, “Dumbai”, “Baby Gangsta”, “A mí no” y el groove contagioso de “Todo ray”. Ca7riel y Paco Amoroso hacen música para bailar y perder, aunque sea por un rato, cierta compostura. Han construido un idioma propio a fuerza de mezclarlo todo: pop, trap, electrónica, punk, humor, performance y una voluntad casi infantil de llevar cada idea un paso más lejos.
“Cosas ricas” sirvió para presentar a la excelente banda que los acompaña, cediendo momentáneamente el protagonismo al músculo instrumental. En “El único”, Paco aprovechó para bajar a saludar a las primeras filas mientras Ca7riel ejecutaba un solo de guitarra desde lo alto. Y es que Ca7riel, tras acabar “La que puede, puede”, se enfundó una guitarra Flying V para descargar una ráfaga de riffs de metal cargados de distorsión y electricidad arenosa, recordando las raíces pesadas que explora en su proyecto paralelo ‘Barro’.
El tramo final llegó con “Todo el día” y el cinismo bailable de “Ha Ha”, dos temas en los que el descontrol parece formar parte del plan. “Lo quiero ya!” apareció envuelta en un complejo entramado de láseres rojos y dio el pistoletazo de salida a una gigantesca rave en formato medley, donde se fundieron “Pirlo”, “Cono hielo” y “Culo con caca”. La electrónica de club no dio tregua con “Beto’s Horns”, su sonada colaboración con Fred again.., hasta desembocar en el inapelable “Himno del mediocre”. Tienen la capacidad de hacer que una rareza parezca completamente natural.




