Fotos: Sergio García Lavilla / Crónica: Mercedes Márquez
Cerramos la gira Vibra Mahou by MadCool con los británicos Pale Waves en la Sala El Sol con un lleno absoluto de seguidores de estética gótica queer.
Pale Waves se formaron en Mánchester en 2014, cuando la vocalista y guitarrista Heather Baron-Gracie coincidió en la universidad con la batería Ciara Doran, mezclando el indie pop ochentero, el synth-pop descarado y unos destellos góticos visuales reminiscentes de The Cure. Su cuarto trabajo Smitten (2024) cimentado en guitarras cristalinas, estribillos de una inmediatez demoledora y una honestidad lírica centrada en la identidad, la vulnerabilidad y el romance queer, los ha llevado a tener una legión de seguidores alrededor del mundo. Tras la salida de su guitarrista Hugo Silvani a primeros de año, el cuarteto se ha reconvertido en trio con el bajista Charlie Wood.
La expectación era palpable en el ambiente mucho antes de que las puertas se abrieran. La multitud, poblada por una devota marea de seguidores ataviados con estética de tintes oscuros, banderas del orgullo y pancartas de devoción hacia la banda, se agolpaban en una fila que llegaba hasta calles aledañas, a fin de poder situarse lo más cerca de sus ídolos.
La sala presentaba un lleno absoluto y tras una espera escuchando clásicos ochenteros (creo que no sabían ni quién eran), se apagaron las luces y el público estalló en vítores en cuanto Charlie Wood y Ciara Doran ocuparon sus posiciones, seguidos por una deslumbrante Heather Baron-Gracie armada con su guitarra.
Sin rodeos ni preámbulos, la banda dio el pistoletazo de salida lanzando las primeras notas de Kiss Me Again, guitarras incandescentes, ritmos desinhibidos con los que el público respondió al instante en una ola de brincos que empalmó de forma natural con el clásico inmediato de su primer trabajo, Television Romance provocando una de las primeras grandes explosiones vocales de la noche, con la sala entera coreando cada frase con nostalgia pura y móviles grabando para sus redes (es lo que tiene un concierto de nuevas generaciones).
Lejos de bajar las revoluciones, el grupo encadenó Perfume, corte donde las atmósferas envolventes evocaron la densidad del dream pop más elegante, con el delirio colectivo de Red, precedida por la ya habitual pregunta juguetona de la vocalista al público sobre quién tenía este tema entre sus favoritos.
El ecuador del concierto llegó de la mano de Change, tema que bebe del pop-rock de principios de los 2000, en un respiro melódico antes del momento más desgarrador y rotundo de la velada, su aclamada versión de Zombie de The Cranberries. Los matices vocales de Heather imitaron el característico quiebro de Dolores O’Riordan con un respeto absoluto, apoyada por una Ciara Doran colosal tras la batería, castigando los platos con un peso y una rabia metálica que hicieron estremecer el suelo del recinto.
La catarsis continuó con el bloque central con Kisses of Tangerine y sus destellos de sintetizadores de aire ochentero, sirviendo de puente perfecto hacia la calidez envolvente de Came in Close. La versatilidad del conjunto permitía pasar de la melancolía gótica al hedonismo melódico en cuestión de segundos, como en el caso de Eighteen o la rabia incontrolada en They Don’t Want You de su etapa más punk-rock. Para cerrar el bloque principal antes del bis, sonó Jealousy, donde la vertiente más pesada, gótica y macarra de la banda salió a relucir con riffs afilados y una batería desatada.
Tras unos breves minutos de penumbra, los tres músicos reaparecieron en el escenario para rematar la faena con un bis de dos canciones. En primer lugar, arrancaron con Not a Love Song, una joya repleta de sarcasmo y riffs desenfadados que volvió a poner a bailar a toda la pista. Pero el broche de oro definitivo lo puso There’s a Honey. Su tema debut, aquel que lo inició todo hace casi una década, sonó tan fresco, eufórico y melancólico como el primer día. En el último estribillo, entre explosiones de luz y guitarras voladoras, quedó demostrado que el vínculo entre Pale Waves y sus fans es indestructible.
Un espectáculo conciso, vital y magistralmente ejecutado que consagra a la banda de Mánchester como una garantía absoluta sobre el escenario, y por cierto, agotaron el Merchandising tras arrasar el escenario a la caza de recuerdos.





