Fotos: Sergio García Lavilla / Crónica: Mercedes Márquez

 

Concierto perteneciente a la gira You’re Gonna Need a Little Music del grupo británico Yard Act presentando su último trabajo (2026). Producido por Justin Meldal-Johnsen, la banda cambia el enfoque más funk de su anterior trabajo por un sonido que huye del empaquetado digital pulido, sumergiéndose en amplificadores forzados, cables calientes y sonidos más ásperos, volviendo a la esencia de un grupo de rock.

Nacidos en Leeds a finales de 2019 de la alianza entre el vocalista y letrista James Smith y el bajista Ryan Needham, la alineación que completan el guitarrista Sam Shipstone y el batería Jay Russell ha recorrido un camino meteórico. Lo que comenzó como un proyecto enfocado en un post-punk cáustico, caracterizado por la acidez narrativa de The Overload (2022), ha mutado en una propuesta sonora mucho más física, orgánica y cruda.

La gira española a cargo de Primavera Tours, les ha traído a Barcelona y al Teatro Eslava en Madrid, junto a la telonera Lava La Rue que se encargó de amenizar la espera antes de los británicos.

Lava La Rue (nombre artístico de Aiwa Laurel) es una persona del mundo de la música, la dirección visual y el arte multidisciplinar nacida en el oeste de Londres, que se identifica como no binaria y queer. Su música destaca por su versatilidad, fusionando géneros como el hip-hop lo-fi, el R&B futurista, el neo-soul, el pop psicodélico e incluso matices del punk que pudimos ver en temas como Hush Hush, Trouble, Mustard, My Life o con el que cerró un dinamico show Prince of Bologna, ante la atenta mirada de James Smith en uno de los palcos del Teatro.

Con la sala llena y un ligero retraso sobre la hora, la banda saltó a las tablas sin concesiones, abriendo el fuego con Empty Pledges escupiendo promesas vacías escritas sobre el polvo de la calle. Las guitarras afiladas de Sam Shipstone prepararon el terreno para Dark Days, retumbando el bajo distorsionado de Ryan y la batería de Jay Russell marcando un pulso denso y groovy en uno de los temas primigenios de la banda coreado por todo el teatro, que empastó perfectamente con When the Laughter Stops mientras Smith no paraba de gesticular y moverse por todo el escenario (es un autentico showman).

El ritmo continuó de manera implacable con Payday y la más pausada Fiction dejando paso a la reflexión sobre el control y las historias que nos contamos para sobrevivir en un mundo donde cuesta ponerse de acuerdo. Pero el ritmo volvió a subir con Cherophobe Rock, un pasaje de agitado punk donde los platos de la batería echaban chispas que nos llevó a su ya legendario himno The Overload. Los temas antiguos siempre funcionan, más cuando el último trabajo es tan reciente y el público todavía no ha sido capaz de aprenderse los temas (sobre todo cuando tienen tanto speech).

La recta final del concierto comenzó a coger forma con Dead Horse, una proclama impregnada de acidez sobre la identidad y la hipocresía nacional, seguida de Thrill of the Chase, un ejercicio de rock saturado donde Russell ofreció un despliegue de poderío físico demoledor, sosteniendo un tempo implacable que arrastró a toda la sala hacia un baile ininterrumpido. El terreno estaba preparado para 100% Endurance, que fue interpretado con una intensidad conmovedora por parte de Smith, dejando de lado cualquier máscara para cantar con el corazón en la mano.

Para coronar una noche memorable, Yard Act reservó un doble remate imponente. En primer lugar sonó la canción que da título al álbum y a la gira, You’re Gonna Need a Little Music, preparando el terreno para el colofón final con The Trench Coat Museum. Este extenso tema, que en directo se dilata hasta convertirse en una monumental jam sessionn de indie-dance, disco sombrío y krautrock, desató la locura absoluta, llevando los instrumentos al límite del acople y la saturación. Smith, bailando exhausto pero exultante sobre el escenario, despidió a la audiencia entre una ovación ensordecedora.

Yard Act firmó en Madrid un concierto de lo que debe ser el rock actual, un espectáculo que rechaza los atajos de la producción pulida para reencontrarse con la fuerza primitiva, analógica y comunitaria del directo. James Smith ha dejado a un lado la distancia de la pura ironía para transformarse en un intérprete expuesto. Su característico sprechgesang, a medio camino entre la prosa hablada y el canto melódico, abraza la imperfección donde se perciben las respiraciones fatigosas, los quiebros de voz con acento de Yorkshire y la saliva chocando contra el micro, pasando del murmullo paranoico al alarido desgarrador en cuestión de segundos.

El Teatro Eslava fue testigo de un monumental concierto de los británicos, con un sonido exquisito (es de lo mejor junto al Price en este momento), donde el público lo pasó en grande y disfrutó cada tema en una comunión perfecta con un grupo que tiene su propio estilo. Si te gustan grupos como Dry Cleaning, Squid, Shame o Murder Capital dales una escucha.