El pasado viernes el Palacio de Vistalegre se vestía con un cartel de lujo: Simple Plan y The Offspring compartiendo escenario dentro de la gira “Supercharged Tour” de estos últimos. Un viaje en el tiempo, desde la furia de los suburbios californianos hasta la nostalgia juvenil de los dormitorios donde muchos descubrimos a Simple Plan

Una maravillosa doble noche en la que SIMPLE PLAN era el primer plato que íbamos a degustar, una de esas bandas que lograron ponerle voz a toda una generación. Los canadienses se hicieron un lugar en el mapa mundial a comienzos de los 2000 con su mezcla de pop-punk enérgico, letras directas y un humor juvenil que convivía con la vulnerabilidad más sincera.

Arrancaron con “I’d Do Anything”, la adictiva “Shut Up!” y la energía simple pero directa de “Jump”. Tres himnos de adolescencia que demostraron que, después de más de veinte años, no han perdido vigencia y han crecido junto a nosotros acompañándonos también en la madurez. Bajamos un poco las revoluciones con temas como “Jet Lag”, engancharnos a la siempre divertida “Addicted” o sacar la parte más emocional de “Your Love Is a Lie” justo antes de volver a mirar al presente con “Nothing Changes”, un tema recién salido del horno y que podría ser parte de cualquiera de sus discos anteriores.

Aunque si hay un éxito que sobresale por encima de cualquier otro es ese “Welcome to My Life”, lanzado en 2004 dentro del disco ‘Still Not Getting Any…’, que se convirtió en su gran éxito mundial y fue el que terminó de poner a Simple Plan en el mapa. Sin duda una de las más coreadas de la noche. Con los últimos retazos veraniegos nos pusimos el bañador para sumergirnos en “Summer Paradise”, tomarnos un mojito al son de “Thank You”, divertirnos con uno de los momentos más simpáticos de la noche con “What’s New Scooby Doo?”, que llenó el escenario de figurantes disfrazados del protagonista de la serie de dibujos animados del mismo nombre y, “Where I Belong”.

Pierre Bouvier llevaba en escena durante todo el concierto una camiseta que decía “I’m just  ̶a̶ ̶k̶i̶d̶ and adult”, un guiño divertido al mayor clásico de la banda, “I’m Just a Kid”, que fue la siguiente en sonar. Recordó también que ‘cuando Simple Plan empezó, en 2002, muchos escuchábamos música en la casa de nuestros padres’. Y para finalizar la solemne y emotiva “Perfect”, que comenzó de forma acústica y que hizo que coreáramos por última vez ese grito juvenil que todos llevamos dentro.

Más de dos décadas después, Simple Plan demostraron que siguen en pie con la misma actitud: melodías pegajosas, espíritu rebelde y la certeza de que crecer no significa dejar atrás la inocencia.

Turno para el plato principal, THE OFFSPRING. “You gotta keep ‘em separated” fue la primera de las frases que todos gritamos al unísono antes que el riff oriental de “Come Out and Play” nos transportara a 1994 con ‘Smash’, el disco que los catapultó a la fama mundial. “All I Want” fue el siguiente disparo en forma de punk que hizo que viéramos los primeros pogos en la pista seguido de “Want You Bad”, con ese pop-punk juguetón y festivo que tan bien saben utilizar los norteamericanos. Está claro que el arsenal de hits que son capaces de soltar en una misma noche es infinito, pero con “Looking Out for #1”, tema que abre su último disco ‘Supercharged’ o posteriormente “Make It All Right”, quisieron mostrar que la banda no vive solo de la nostalgia y sigue teniendo gasolina creativa, aunque no nos engañemos, el disco tuvo un peso residual en el setlist de la noche.

Regresamos al pasado con la mítica “Staring at the Sun”, el carnaval burlón de “Original Prankster” o temas como “Genocide” y “Bad Habit”, cuyo bajo inicial es la calma antes de la tormenta. No cabe duda de que la reciente pérdida de Ozzy Osbourne es algo que a todos los que amamos la música nos ha tocado de una forma u otra y que su legado es tan inmenso que cualquier homenaje siempre nos parecerá insuficiente para abarcar lo que nos ha dado. The Offspring también quiso sumarse a este tributo versionando probablemente su mayor éxito “Crazy Train”, precedido de unos breves riffs de “Sweet Leaf” y “Paranoid” de los padres del heavy metal, Black Sabbath. Y sin dejar este medley de versiones, llegaron el “In the Hall of the Mountain King” originario del compositor y pianista noruego Edvard Grieg y el “I Wanna Be Sedated” de los Ramones.

Entrabamos en el último tercio del concierto al son de los beats de “Gotta Get Away” que finalizaría el propio Brandon Pertzborn con un tremendo solo. Y tras esto, silencio reverencial para disfrutar con “Gone Away” al piano, un paréntesis íntimo antes de la avalancha final. Un festival de himnos coreados uno tras otro como “Why Don’t You Get a Job?”, “Pretty Fly (for a White Guy)”, “The Kids Aren’t Alright” o el inevitable cierre de “Self Esteem”.

Y si, todos volvimos a ser adolescentes por unas horas.