Fotos: Sergio García Lavilla / Crónica: Mercedes Márquez

 

Concierto fin de gira del último disco de las hermanas Iñesta, más conocidas como Repion, que lleva por nombre 201 (2025) que empezó en León el 9 de enero y que finalizará en Valencia el 14 de noviembre, pasando por la mítica Riviera con el cartel de Sold Out colgado.

Fundado por las hermanas cántabras Marina e Teresa Iñesta, el proyecto lleva más de una década madurando en las catacumbas del circuito independiente, pero ha sido en su reciente etapa donde el grupo ha alcanzado un estado de gracia indiscutible. Tras 6 trabajos entre Ep y Lp, esta gira ha certificado que Repion ya no es una promesa del underground, sino una realidad arrolladora capaz de abarrotar recintos de gran formato como La Riviera madrileña, donde la intensidad de las salas pequeñas se contagia a una escala épica.

Sin teloneros la sala se fue llenando rápidamente de un público muy heterogéneo, lo que nos muestra que su música llega tanto a jóvenes como a puretas más curtidos en estas batallas. Después de haberlas visto en salas pequeñas y festivales de verano (gran concierto en El Escorial en las Sesiones Vermouth), quería ver como respondían ante más de 2000 personas que entran en La Riviera y si eran capaces de dar el salto a las Ligas Mayores.

Con un ligero retraso sobre la hora de inicio (esperando a los últimos rezagados) se apagaron las luces y cuando la banda apareció en escena, no hubo discursos solemnes ni preámbulos innecesarios, bastó una mirada cómplice entre sus miembros para que la atronadora guitarra de Marina rasgara la noche con los primeros acordes de Uñas de amarillo, con la batería de Teresa golpeando con una rabia precisa y la voz de Marina elevándose limpia pero al borde del abismo emocional. Sin dar un solo segundo de tregua, empalmaron con En todo momento, desatando los primeros saltos en las primeras filas y dejando claro que el sonido de la noche no iba a dar concesiones.

El arranque arrollador continuó con Columnas y Pronto, un tándem donde se hizo patente la compenetración matemática pero profundamente orgánica que sostiene al grupo. Con X y Tus fotos, la velada entró en una dimensión mucho más íntima y vulnerada, aunque sin perder un ápice de voltaje. Acompañadas por un cuarteto de cuerdas (primas de las santanderinas) potenciaban temas como Tus fotos, una de las composiciones más emotivas, retratando la nostalgia, el desamor y la inevitable necesidad de pasar página.  Seguidamente, la aceleración pop de viernes provocó una marea humana de brazos en alto, preparando el terreno para la carga dramática de El sueño dura una semana y el lirismo de Por qué no vuelves.

Marina se detuvo por primera vez a respirar, secarse el sudor y dirigirse a la sala con esa mezcla de humildad cántabra y contundencia que la caracteriza, agradeciendo la presencia de quienes han acompañado al grupo desde sus inicios. Ese respiro sirvió de bisagra para lanzar Quiero más, un trallazo donde Teresa ofreció una auténtica exhibición a la batería, cantando segundas voces perfectas sin perder un solo golpe de caja. La simbiosis vocal entre las dos hermanas alcanzó su cénit en ¿Qué hay de ti? y Monstruos de río, piezas donde la melancolía sube de tono hasta estallar en violentos arrebatos de distorsión.

Sin dar respiro, llegó otro de los momentos cumbre del espectáculo con la entrada de una invitada de honor y el escenario recibió entre ovaciones a Miren Iza, líder y cantante de Tulsa. Su presencia infundió un magnetismo único a la interpretación de Vienen de pasárselo bien; la voz cálida, rasgada y profunda de Miren emparejó a la perfección con la energía de las hermanas Iñesta, firmando un dueto imborrable.

El tramo final del espectáculo fue una demostración de fuerza desmedida, con Cerrar los ojos y El día no me da, retrataron a la perfección el estrés moderno y el colapso emocional, un tema con el que prácticamente cada persona presente en el recinto pareció identificarse de manera visceral. La masa cantaba cada estrofa con el pecho henchido, liberando toda la tensión acumulada durante la semana.

Enfilamos la despedida con Otro día será, que sonó como un torbellino de punk-pop luminoso, dando paso al clímax emocional de la noche con Brillante, una de sus composiciones más redondas y deslumbrantes, pasándose de hora lo que interrumpió el speech de Teresa.

El cierre definitivo no podía ser otro que Barrio Somavilla, un homenaje a sus orígenes que se ha convertido en la firma indiscutible de sus directos. La canción arrancó con una tensión suspendida en el aire hasta que la batería de Teresa desató el vendaval definitivo, una explosión de distorsión, acoples controlados y una rabia festiva que llevó a la banda a vaciarse por completo sobre el escenario, con Marina dándose un baño de masas entre el público.

Al apagar el último acorde y dejar resonando el acople de la guitarra en los altavoces, se abrazaron en el centro de la tarima ante una ovación atronadora que prolongó el aplauso durante minutos. Repion no solo ofreció una crónica impecable de su presente; firmó en La Riviera la confirmación de que el rock de guitarras en castellano sigue latiendo con una fuerza desgarradora y desbordante.