Por Victor Robi

 

La puntualidad fue la primera declaración de intenciones de Bass Drum of Death en su regreso a Madrid. De la mano de Primavera Sound, el trío estadounidense volvía a la capital para ofrecer una nueva demostración de por qué continúa siendo una de las propuestas más sólidas del garage rock actual. Sin concesiones ni introducciones innecesarias, la banda apareció sobre el escenario de la Wurlitzer Ballroom para arrancar con I Wanna Be Forgotten, un disparo directo al mentón que marcó el tono de una noche intensa, contundente y prácticamente sin respiro.

La descarga continuó inmediatamente con Nerve Jamming, confirmando desde los primeros minutos que el grupo sigue siendo un auténtico cañón sobre las tablas. La experiencia acumulada durante años de carretera se hizo evidente en una actuación en la que cada tema encajó con precisión milimétrica y donde la energía nunca descendió lo más mínimo.

Con la Wurlitzer prácticamente llena, Do Nothing y Never Gonna Drink About You mantuvieron la tensión en niveles altísimos. La cuarta canción terminó de encender a la audiencia y provocó los primeros pogos de la noche, mientras que Bad Reputation prolongó una dinámica ascendente que convirtió rápidamente el concierto en una auténtica fiesta colectiva.

Lo mejor de la actuación fue precisamente su consistencia. No hubo altibajos ni momentos de desconexión. Bass Drum of Death construyó una hora larga de garage rock directo y efectivo, enlazando canciones con una naturalidad pasmosa. Temas como Phantom Drip, Way Out, Left for Dead, Zeroed Out o GB City demostraron que la banda atraviesa un momento especialmente inspirado.

Los temas de su excelente álbum homónimo fueron de los más celebrados de la noche. La respuesta del público confirmó el cariño que despiertan unas canciones que ya forman parte del repertorio imprescindible del grupo. Todo ello acompañado por una actitud arrolladora y contagiosa que terminó de conquistar incluso a quienes se acercaban por primera vez a su propuesta.

A medida que avanzaba la actuación, la temperatura dentro de la sala fue aumentando. Night Ride mantuvo el pulso antes de que el concierto entrará en un tercio final sencillamente espectacular. Desde Pick ’Em Up and Put ’Em Down la intensidad se disparó definitivamente, con pogos constantes y una audiencia completamente entregada a cada riff y cada estribillo.

Lose My Mind, Shattered Me y Get Found sonaron como tres auténticos cañonazos consecutivos, elevando aún más una actuación que ya había alcanzado un nivel sobresaliente. La banda parecía decidida a no conceder un solo segundo de tregua y la respuesta del público fue acorde al esfuerzo desplegado sobre el escenario.

El cierre no pudo ser mejor. Tras No Demons llegó el momento de Crawling After You, recibida como uno de los grandes himnos de la noche. Con la sala cantando junto a la banda y la energía todavía por las nubes, Bass Drum of Death puso el broche de oro a una actuación vibrante, compacta y sin fisuras.

Una nueva visita a Madrid que confirmó que el garage rock sigue teniendo defensores de primer nivel y que, cuando una banda combina repertorio, actitud y experiencia como Bass Drum of Death, el resultado es tan sencillo como efectivo: una Wurlitzer entregada de principio a fin y una audiencia abandonando la sala con la sensación de haber asistido a una de las mejores descargas de rock de la temporada.