Fotos: Sergio García Lavilla / Crónica: Mercedes Márquez

 

Concierto perteneciente a la gira 20º Aniversario, del lanzamiento del homónimo segundo álbum de la banda británica Razorlight dentro de la gira Vibramahou by MadCool en el Teatro Eslava.

El regreso de los reyes del Indie-disco desafía al tiempo, no solo para cobrar el cheque de la nostalgia, sino porque el escenario, sigue siendo, el único lugar donde todo cobra sentido. La alineación clásica comandada por el incombustible Johnny Borrell ha demostrado que el sonido punzante de los años 2000 no ha envejecido; simplemente ha madurado con una fuerza arrolladora, logrando equilibrar la urgencia de sus primeros himnos con la solidez de sus composiciones actuales Planet Nowhere (2024).

Pese a no ser un grupo radiado en nuestras ondas, la sala presentaba una buena entrada, aunque fue llenándose con cuentagotas (los calores del verano hacen que la gente apure en las terrazas cercanas).

Sin teloneros, es Andy Burrows el que da el pistoletazo de salida con las baquetas, los primeros compases de Rip It Up. Con una puesta en escena directa, donde el protagonismo lo tienen las guitarras afiladas de Björn Agren y el bajo contundente de Carl Dalemo, buscando golpear primero, mantener el ritmo con clase y rematar con la épica que los hizo gigantes.

La transición hacia In the Morning se siente orgánica, transformando la pista en una gigantesca pista de baile cantando cada línea de ese estribillo que marcó a toda una generación.  Tras el subidón inicial, su último single hasta la fecha, Sugar High conecta el pasado con el presente de la banda, encajando a la perfección entre los clásicos.

El resto son una continuación de himnos de la banda, con uno de los momentos más coreados de la noche con Golden Touch, donde la guitarra rítmica introduce la melodía y el público se hace cargo de la primera estrofa ante la sonrisa cómplice de Borrell. La banda suena más cohesionada que nunca, disipando cualquier fantasma de las tensiones internas que los distanciaron en el pasado mientras caen los temas como Vice, la guitarrera Don’t Go Back to Dalston, Cool People, Who needs Love o la energica Somewhere Else cierra el bloque oficial de forma sobresaliente con Johny sin camisa desde la mitad del show.

Son canciones diseñadas para grandes recintos, donde las guitarras expansivas llenan cada rincón del espacio y la voz de Johnny se exige al máximo, demostrando un excelente estado de forma.  Tras un breve amago de despedida, la banda regresa para el asalto final.

Los bises se abren con la delicada Good Night, preparando el terreno para el desenlace inevitable. Las primeras notas de piano de America desatan la locura colectiva, convertida ya en un clásico del cancionero popular anglosajón, todo un himno atemporal, coreado con una solemnidad y una potencia que eriza la piel.

Razorlight se retira del escenario sudoroso y triunfante, sin dar la sensación de ser un grupo del pasado, más bien un grupo que puede mantenerse en el panorama British actual sin ningún tipo de complejo.