Crónica: Víctor Robi
Tras la cancelación del concierto del año pasado por problemas de salud del vocalista Chris Cerulli, Motionless in White regresó a Madrid con la intención de saldar una deuda pendiente con sus seguidores. La cita, esta vez en el Palacio Vistalegre, suponía además un cambio de recinto que invitaba a preguntarse si el salto a un espacio mayor estaba justificado.
La respuesta llegó pronto. Con puntualidad milimétrica, las pantallas del escenario se encendieron para recibir al ya icónico Spinning Cat, desatando los vítores de un público que llenaba el recinto y que dejaba claro que La Riviera se había quedado pequeña. Desde los primeros compases se evidenció que la banda había apostado por una producción de mayor envergadura: fuego, bailarinas y un despliegue visual que elevó el espectáculo desde el inicio.
El arranque con Meltdown estuvo marcado por algunos problemas de sonido, habituales en Vistalegre, pero rápidamente solventados para dar paso a una vibrante Sign of Life, que encendió definitivamente al público. Chris “Motionless” aprovechó el momento para agradecer la paciencia y el apoyo tras la cancelación del año anterior, gesto que fue recibido con una ovación unánime antes de enlazar con A-M-E-R-I-C-A y Thoughts & Prayers, que comenzaron a activar los primeros pogos de la noche.
En su primera visita a Madrid como cabezas de cartel, la banda demostró solvencia y presencia escénica. Uno de los momentos más destacados llegó con Voices, donde Vistalegre entero acompañó a la banda en un ejercicio colectivo de catarsis emocional. Cerulli, muy comunicativo durante todo el concierto, mantuvo el control absoluto de la audiencia, que respondió con saltos y coros a temas como Necessary Evil, en el que la banda mostró una química evidente y una clara intención de conectar con los asistentes.
La colaboración de Sean Harmanis en Slaughterhouse añadió un punto extra de intensidad a un tramo central ya de por sí contundente. Superado el ecuador del concierto, aún quedaban momentos memorables: la enérgica Scoring the End of the World, que levantó brazos al unísono, y la calma introspectiva de City Lights, que ofreció un respiro antes del tramo final.
Para la recta final, Motionless in White reservó dos de sus temas más celebrados. Another Life iluminó el recinto con una marea de luces, creando uno de los instantes más emotivos de la noche. Sin bis, la banda cerró con Eternally Yours, repartiendo rosas entre el público. Un final elegante, aunque algo contenido para un concierto de esta magnitud; un tema más contundente habría redondeado mejor la despedida.
La actuación de los de Scranton dejó un balance claramente positivo. A nivel musical y visual, la banda ofreció un espectáculo sólido y ambicioso. El salto a pabellones parece un movimiento acertado que confirma su crecimiento dentro del metalcore moderno. Motionless in White se consolida así como una de las formaciones a seguir de cerca en los próximos años.





