Por Victor Robi

 

El ciclo Mad Psych Fest volvió a demostrar que cuenta con un público fiel dispuesto a dejarse sorprender por propuestas muy distintas bajo el amplio paraguas de la psicodelia. En esta ocasión, la madrileña Wurlitzer acogió una intensa doble sesión protagonizada por los locales Axiom9 y los finlandeses Kaleidobolt, dos bandas con enfoques diferentes pero igualmente efectivas a la hora de conectar con los asistentes.

Los primeros en subir al escenario fueron Axiom9, veteranos de la escena underground madrileña que, tras casi una década de trayectoria, continúan consolidando una reputación construida a base de constancia y directos solventes. Su propuesta de rock psicodélico, sustentada sobre desarrollos instrumentales de largo recorrido y melodías expansivas, encontró rápidamente la complicidad del público. La banda ofreció una actuación sólida y convincente, demostrando la experiencia acumulada durante estos años y confirmando por qué también han logrado una notable acogida fuera de nuestras fronteras, especialmente en Japón. Sin grandes artificios, dejaron una más que notable carta de presentación para una noche que prometía emociones fuertes.

Si Axiom9 calentó motores, Kaleidobolt se encargó de incendiar la sala. Los finlandeses aparecieron en escena con los acordes de A World of Our Own de The Seekers sonando por la megafonía, un contraste casi apacible antes de la tormenta eléctrica que estaba a punto de desatarse. Una vez tomaron posiciones, el trío ofreció un inicio arrollador, descargando una energía descomunal sobre una audiencia que apenas tuvo tiempo para tomar aire.

La potencia instrumental fue tal que durante los primeros compases la voz quedó parcialmente eclipsada por una guitarra y una batería sencillamente espectaculares. Sin embargo, el equilibrio sonoro fue mejorando con el paso de los temas, permitiendo apreciar mejor el papel de un vocalista dotado de carisma, una notable presencia escénica y un potente caudal de voz.

Uno de los momentos culminantes de la actuación llegó con una composición plagada de cambios de ritmo que desató la locura en las primeras filas, confirmando la enorme capacidad de la banda para alternar intensidad, técnica y sensación de peligro constante. Su propuesta de rock hipercinético apenas concedió respiro durante un concierto que mantuvo la tensión y la intensidad de principio a fin.

Kaleidobolt volvió así a dejar una magnífica impresión dentro del ciclo Mad Psych Fest, firmando una actuación vibrante que reafirmó el excelente momento de forma de la formación finlandesa. El único lunar de la noche fue su duración: apenas cincuenta minutos que, vista la intensidad y el nivel exhibidos sobre el escenario, supieron a muy poco. Una nueva cita que también sirvió para constatar la fidelidad del público madrileño al festival, que continúa reuniendo a una creciente comunidad de seguidores dispuestos a descubrir nuevas propuestas sin importar demasiado las fronteras estilísticas.