Crónica: @mr.barciela

 

Tras treinta y ocho años sin tocar en la capital española, El Tri volvía a Madrid para repasar una carrera repleta de himnos del rock mexicano y traer un pedacito de México al corazón de la ciudad. Al frente, Álex Lora, convertido desde hace décadas en una de las figuras más reconocibles del rock al otro lado del Atlántico. La Riviera se preparaba para una noche de recuerdos, guitarras y canciones que, para muchos de los presentes, significaban mucho más que música, eran una forma de reencontrarse con sus raíces a miles de kilómetros de casa.

Por los aledaños de La Riviera ya se dejaban ver las banderas mexicanas de sus seguidores. Como me contaban muchos de ellos, no todos venían de México; también había gente de Ecuador, Colombia y otros países latinoamericanos. Algunos llevaban más de dos décadas viviendo en Madrid y, como me decían entre risas, «este pinche nunca se había dignado a venir a Madrid para verlo». La ocasión era especial, o lo veían ahora o, quién sabe, quizá no volvieran a tener otra oportunidad de verlo en directo, esta vez tan lejos de su tierra.

Hablar de El Tri es hablar de la historia viva del rock mexicano. Con Álex Lora al frente, la banda lleva más de cinco décadas poniendo voz a la calle, a la inconformidad y a toda una generación que encontró en sus canciones una forma de expresarse. Su rock, directo y sin demasiados rodeos, ha cruzado fronteras sin perder su esencia. Ahora, con la gira europea Adicto al Rocanrol, El Tri vuelve a España para reencontrarse con un público que llevaba años esperando la oportunidad de verle en directo. Fue sin duda, una cita para recuperar viejos himnos o descubrirlos por primera vez y comprobar que hay bandas a las que el tiempo no les quita las ganas de rockear.

Aunque el concierto estaba anunciado para las ocho de la tarde, una hora poco habitual para el rock and roll, la estrella, como buen mito del rock, no apareció hasta pasada media hora. Primero salieron los músicos y, en último lugar, Álex Lora, “El Tri”, luciendo su característica melena rizada, una americana plateada brillante y unas gafas de sol blancas muy de los noventa. En sus manos, el arma más bonita que puede tener un rockero, su inconfundible guitarra con forma de mano, cuyo dedo corazón hace las veces de mástil. El recital arrancó con “Perro Callejero”, trayendo a Madrid un centenar de recuerdos para los asistentes que llenaban la sala.

Seguidamente, Álex Lora agarró una bandera mexicana y, junto al bajista, la desplegó antes de entonar a capela el himno de México. La respuesta fue inmediata, buena parte del público se sumó al canto, convirtiendo La Riviera en un pequeño rincón mexicano. La sala presentaba un aforo cercano a la mitad, pero entre los asistentes predominaban claramente los mexicanos y, en menor medida, el público español. Una noche en la que las raíces pesaban tanto como el rock.

A continuación, El Tri retomó el concierto con “Metro balderas” y “Vicioso”, antes de volver a cruzar el Atlántico en lo musical con “La vida no vale nada” y “Cielito lindo”. Lejos de la nostalgia triste, las canciones despertaron una emoción alegre y compartida, de esas que hacen cantar, sonreír y sentirse un poco más cerca de casa. La descarga continuó con “Difícil”, manteniendo vivo el pulso del recital.

Con “Pobre Soñador”, Álex Lora quiso dedicarles la rola (como llaman a las canciones en México) a las chicas que se habían acercado a La Riviera. No perdió la oportunidad de bromear con aquellas que no habían ido al concierto, asegurando que estarían en casa viendo una telenovela. Un comentario que hoy puede sonar algo desfasado, aunque también forma parte de la personalidad de un músico cuya trayectoria pertenece a otra época. El Tri siguió descargando rock and roll y blues con “Mente Rockera”, “Niño sin Amor” y “Chavo de Onda”, sin olvidarse de los políticos. Entre canción y canción, Álex Lora aprovechó para lanzar sus habituales mensajes de protesta, reclamando que dejaran en paz a la sociedad y a la gente de a pie.

El concierto transcurrió sin grandes sobresaltos, en una línea bastante plana, sin demasiados altibajos ni momentos que rompieran la dinámica del recital. Pero quizá tampoco se trataba de eso. El público había venido a reencontrarse con sus canciones, a revivir recuerdos y a disfrutar de un artista de 73 años que, después de tantos años de carretera, sigue subiéndose a un escenario para hacer lo que mejor sabe. Durante la noche, Álex Lora preguntó en varias ocasiones si estábamos siendo felices, una manera sencilla de mantener el contacto con los asistentes. En lo musical, el sonido estuvo a la altura y la banda respondió con solvencia. Mención especial para el armonicista, que dejó grandes momentos, y para la guitarra solista, que aportó fuerza y carácter a los temas. Quizá no fue un concierto de grandes sorpresas, pero sí una oportunidad para escuchar en directo esas canciones que muchos llevaban años esperando.

Para la traca final, Álex Lora se enfundó la característica máscara de la lucha libre mexicana para interpretar su clásico “Todo me sale mal”. Después llegó “Nostalgia”, con la aparición en el escenario de su mujer, que se quedó hasta el final animando al público y acompañando las canciones con sus coros. La recta final fue una sucesión de himnos para los seguidores de El Tri, “Triste canción”, “Cuando tú no estás”, “Todo sea por el rocanrol” y “Piedras rodantes” pusieron el broche a una noche con sabor a reencuentro. Así se despedía la banda de su público madrileño, saldando por fin una deuda pendiente con una ciudad que llevaba demasiado tiempo esperando su visita.