Crónica: @mr.barciela
A Pitbull se le soltó la correa en Madrid. El artista convirtió el Movistar Arena en una auténtica fiesta tras años sin pisar la capital, en un regreso por todo lo alto que desató la locura entre sus seguidores. Tanto, que las calvas postizas se convirtieron en el complemento estrella de la noche, agotando existencias entre quienes no quisieron perderse la cita con Mr. Worldwide.
Armando Christian Pérez , que para medio planeta no es otro que Pitbull o Mr. Worldwide, tiene una habilidad casi quirúrgica para convertir cualquier escenario en un auténtico terremoto de fiesta. El estadounidense de sangre cubana lleva años viviendo en lo más alto de la música urbana y latina, regalándonos temas que son pura nostalgia y descontrol, como Give Me Everything, Timber o ese inolvidable I Know You Want Me (Calle Ocho) que reventó todas las pistas.
Ahora está de vuelta a lo grande con su “I’m Back Tour”, una gira con la que celebra su trayectoria y demuestra que nadie domina el espectáculo como él. La cita marcada en rojo en el calendario español en el Movistar Arena de Madrid, era un reencuentro cargado de expectativa, ya que el cantante no pisaba nuestros escenarios desde 2012. Catorce años de espera que se disolvieron en cuanto sonaron los primeros acordes y el recinto entero se puso a bailar.
Con un ejército de calvas postizas, americanas negras, camisas blancas y corbatas invadía las calles aledañas al Movistar Arena. Los clones de Pitbull se multiplicaban por momentos, y los había de todas las edades. Nadie quería perderse el regreso del artista a Madrid, convertido en una cita imprescindible para sus seguidores. Para muchos, la noche suponía un viaje directo a los veranos de los 2010, cuando los éxitos del cantante de Miami dominaban las pistas de baile y sonaban en todas partes. Una época que, por unas horas, parecía estar de vuelta.
Lil Jon fue el encargado de caldear el ambiente antes de la llegada de Mr. Worldwide. Mucho más que un telonero, el artista estadounidense ha sido una figura clave en la carrera de Pitbull, ayudándole a impulsar sus primeros pasos en la industria musical. Lo que comenzó como una relación profesional terminó convirtiéndose en una estrecha amistad forjada tras años de trabajo conjunto. Con el ambiente ya más que encendido y el público preparado para darlo todo, el Movistar Arena se convertía en el escenario perfecto para una noche de baile, música y nostalgia.
A las ocho y cuarto, las luces se apagaron y los músicos comenzaron a tocar la intro de “Enter Sandman”, de Metallica. Mientras tanto, las pantallas repasaban la vida del cantante de Miami, sus comienzos, su trayectoria y los numerosos premios que ha ido cosechando a lo largo de sus más de veinticinco años de carrera musical. Hasta que, de repente, Pitbull irrumpió en el centro de la plataforma elevada del escenario, vestido completamente de negro, con traje y gafas de sol, acompañado de su cuerpo de baile femenino. “Don’t Stop the Party” fue la encargada de inaugurar el espectáculo. Sí, el perro se había escapado y la fiesta no había hecho más que empezar. Con una energía desbordante, Mr. Worldwide lanzaba toda una declaración de intenciones a su público madrileño.
Tras la primera canción, el público comenzó a aclamar a Pitbull, que se detuvo unos instantes para escuchar y agradecer todo aquel cariño. Conmovido por la respuesta de los asistentes, se dirigió a ellos para darles las gracias por estar allí y demostrarles lo agradecido que estaba por semejante recibimiento. Pero la emoción apenas dio tregua. “Hey Baby (Drop It to the Floor)”, “Hotel Room Service”, “International Love” y “Rain Over Me” se sucedieron sin dar respiro, encadenando éxitos y manteniendo al Movistar Arena en constante movimiento. Después, Pitbull abandonó momentáneamente el escenario para cambiarse de vestuario y dejar las riendas del espectáculo en manos de su DJ, IAmChino, que se encargó de mantener la fiesta en marcha durante unos minutos.
Con una americana roja brillante, Pitbull estaba listo para afrontar la segunda parte del espectáculo. “I Feel Good” y “aldito Alcohol”, con su ya clásico «¡Ya no quiero agua, yo quiero bebida!», hicieron disfrutar a sus seguidores, antes de dar paso a “Echa Pa’ allá (Manos Pa’rriba)”, que puso a bailar a todo el pabellón. Mr. Worldwide estaba disfrutando sobre el escenario, y esa energía se transmitía a cada rincón del Movistar Arena. El cuerpo de baile, siempre presente, acompañaba cada movimiento y contribuía a elevar el espectáculo. Uno de los grandes momentos de la noche llegó precisamente con este último hit, que convirtió el recinto en una auténtica pista de baile. Pero la fiesta no terminó ahí. Dirigiéndose al público, Pitbull prometió llevarlo directamente a la discoteca y cumplió con “Suave”, en su remix de Elvis Crespo, “Shake”, “Culo” y “I Know You Want Me (Calle Ocho)”. Tras esta nueva sucesión de éxitos, el artista volvió a abandonar el escenario, dejando una vez más a su DJ al frente de la fiesta.
Esta vez, con sombrero de cowboy y un sonido arrollador que no daba tregua durante todo el concierto, Pitbull continuaba elevando la temperatura del Movistar Arena. “On the Floor” hizo estallar al público madrileño, que se dejó la voz en cada estribillo mientras la imagen de Jennifer Lopez y su voz acompañaban la actuación en las pantallas. “I Like It”, “Feel This Moment” y “We Are One” mantuvieron el ritmo de un espectáculo que parecía no tener freno. “Danza Kuduro», que volvió a levantar al público de sus asientos, seguido de “Gasolina”, de Daddy Yankee, que terminó de incendiar el pabellón a golpe de baile. Tras semejante descarga de energía, Pitbull volvió a abandonar el escenario para cambiarse de vestuario y prepararse para afrontar la que sería la recta final del show.
Vestido esta vez de blanco, Pitbull regresaba al escenario, aunque no lo hacía solo. Su amigo Lil Jon se unía a él para interpretar juntos “JUMPIN”, “Damn I Love Miami” y “Timber», en un reencuentro que iba más allá de lo musical. Antes de despedirse, Mr. Worldwide quiso agradecerle todo el cariño recibido y el papel fundamental que había desempeñado en sus comienzos. Una gira que, según el propio artista, no sólo conmemora su trayectoria musical, sino que también celebraba una amistad forjada durante décadas. Lo cierto es que esta fue probablemente la parte más pausada del espectáculo, con un público algo más estático y menos entregado al baile. Sin embargo, sirvió como una breve tregua antes de afrontar la recta final, que prometía devolver al Movistar Arena a la euforia. Con los primeros compases de “Taxi” volvió a levantar al público, que coreó y bailó el estribillo, transportando a muchos directamente al verano de 2015, cuando el tema se convirtió en uno de los grandes éxitos de la temporada. El propio Pitbull reconocía que llevaba años sin interpretarla.
La recta final llegó con “Fireball” y “Give Me Everything”, dos de las canciones más exitosas de su carrera, que hicieron que los asistentes exprimieran las últimas energías que les quedaban. Finalmente, Mr. Worldwide se quitó las gafas de sol y volvió a agradecer al público, a sus bailarinas y a todo el equipo de la gira, responsables de que pudiera regresar a Madrid. Entre brindis y celebraciones, incluso se animó a pegar un trago de la botella de aguardiente del batería. Y cuando parecía que todo había terminado, Pitbull regaló a los asistentes, fuera de tiempo, “Time of Our Lives”, poniendo el broche definitivo a la noche. Un concierto cargado de recuerdos para quienes crecieron al ritmo de sus grandes éxitos y de ilusión para una nueva generación que comienza a subirse a su barco. Una fiesta que esperamos que no sea pasajera y que Mr. Worldwide vuelva a Madrid para seguir regalándonos nuevos hits.





