Crónica: @mr.barciela / Fotografías: Alex Rico
La Oreja de Van Gogh regresó a Madrid por la puerta grande. Capitaneada de nuevo por Amaia Montero, la banda ofreció un concierto sólido y emocionante, repleto de nostalgia, que silenció a sus detractores en la primera de las seis noches previstas en el Movistar Arena.
La polémica salida de Leire Martínez y el regreso de Amaia Montero habían convertido este concierto en mucho más que una simple actuación. Con la afición dividida entre defensores de una y otra cantante, todas las miradas estaban puestas en Amaia, especialmente tras las dudas que dejó su primera actuación en Bilbao.

Los gritos del público fueron en aumento a medida que los integrantes de La Oreja de Van Gogh ocupaban sus posiciones sobre el escenario. Entonces comenzaron a sonar los primeros acordes de «20 de enero». En ese momento, una plataforma circular se elevó desde el centro del escenario para revelar a una radiante Amaia Montero. La cantante apareció ataviada con un vestido gris metalizado de acabado brillante y falda de flecos, bajo el que asomaba una camiseta de tirantes en tono amarillo fluor que, al reflejar los juegos de luces, acentuaba aún más su presencia sobre el escenario. Era el inicio de una noche que prometía quedar grabada en la memoria de sus seguidores.

El público de La Oreja, y especialmente los seguidores de Amaia Montero, que llevaban años esperando una noche como esta, se mostró entregado y cariñoso con la cantante de principio a fin. El suelo del Movistar Arena parecía vibrar como si de un terremoto se tratara. Durante «Dulce locura», haciendo honor al título de la canción, el recinto se convirtió en un auténtico karaoke nostálgico, con miles de voces coreando cada palabra al unísono. Sin apenas dar tregua, la banda enlazó después «Geografía» y «Mariposa», tema este último en el que Amaia se elevó sobre una plataforma mientras lo interpretaba, antes de cerrar la primera parte del concierto con «Vestido azul».

La segunda parte del concierto arrancó de forma más pausada y emotiva. La voz de Xabi San Martín, teclista de la banda, tomó el protagonismo en «Tan guapa», a la que Montero se incorporó instantes después. Fue un momento cargado de simbolismo, una canción que sonó a reconciliación, complicidad y cariño entre los miembros del grupo. A partir de ahí llegó una auténtica traca de éxitos que no dio respiro al público: «París», «Cuéntame al oído», «Pop», «La playa», «El 28», «Soledad» y «Rosas» hicieron retumbar los coros de los asistentes por todo el Movistar Arena. En la pista, grupos de amigos formaban círculos y se cantaban unos a otros, celebrando a través de aquellas canciones los recuerdos, el amor y la amistad. Concluyendo el repertorio principal antes de los esperados bises finales.






