Crónica y fotos: Sergio García Lavilla

 

Hay bandas que se despiden para siempre y otras que, simplemente, esperan a que el mundo las necesite de nuevo. Tras su aclamada inclusión en el Swedish Music Hall of Fame, The Soundtrack of Our Lives (TSOOL) ha regresado de lleno a la carretera con un tour europeo que está incendiando salas y festivales, retomando su carrera que terminó allá por el 2012 tras la publicación de su sexto trabajo Throw it to the Universe.

Con una gira de la mano de Last Tour, que está recorriendo Barcelona, Valencia, Madrid, Santiago de Compostela y Bilbao, donde el cartel de Sold out es algo usual, tocaba el turno de la Sala Mon (Madrid) en el que unos cientos de seguidores (de todas las edades) esperaban al incombustible y chamánico Ebbot Lundberg.

Para amenizar la espera teníamos a sus compatriotas Spiders, con su arrollador garage rock y la dirección de la magnética cantante Ann-Sofie Hoyles, que no paró de moverse e interactuar con el público cual Debbie Harry punk. Temas como Too Hard, Valentines, Love Yourself to Death, la icónica y coreada Shake Electric y la demoledora Why dont you desataron la locura del público pese a no ser muy conocidos por nuestros lares.

Con algo de ligero retraso sobre la hora prevista tomaban posiciones los componentes de TSOOL, haciéndose esperar el alma mater de la banda, el carismático Ebbot Lundberg. Despacio, entre humo y penumbra, apareció ataviado con sus icónicas túnicas, dominando el escenario como un gurú de otra era, preparado para impartir una lección musical, propia de la psicotropía nacida en California en los 60s.

El arranque corrió a cargo de Mantra Slider, con un crescendo místico de syntes que rompe en una combinación de guitarras acústicas con tintes honky-tonk y coros celestiales. Continuando con Independent Luxury, un ejemplo entre el equilibrio entre la psicodelia expansiva y las melodías pop, en la que se mueven como pez en el agua. El trio inicial se cerraba con Mind the Gap y su blues-rock melódico de Derek and the Dominos y los momentos más inspirados de Cream, destacando la asombrosa química entre la guitarra y el piano de Martin Hederos

El sonido no acababa de ser el óptimo, casi no se le oía a Ebbot (cosa que le disgustó muchísimo haciendo aspavientos) hasta que poco a poco fue arreglándose mientras iban cayendo los temas.

El repertorio es un viaje perfectamente calibrado a través de su impecable discografía, donde el equilibrio entre la psicodelia expansiva y las melodías pop perfectas se hace evidente cuando el grupo rescata piezas maestras de su aclamado álbum Wellcome to the infant Freebase (1996), como Confrontation Camp, Grand Canaria, Instant Repeater 99.

El físico de Ebbot empieza a resentirse, sentándose en la batería y tomando descansos, pero sin perder ese histrionismo que tanto le caracteriza. Despidiendose para bises con el estallido de euforia colectiva al sonar los acordes iniciales de Sister Surround, un himno imbatible que pone a toda la sala a botar instantáneamente

El bis se dividió a su vez en dos partes ante el cansancio de Ebbot, con un primero centrado en dos temas Firmament Vacation y la deconstrucción del rock de consumo en la bailable 21st Century Rip Off. Una vez retomó el aliento cerraron definitivamente con la épica y majestuosa The Passover que deja siempre la misma sensación en el ambiente; el público exhausto, sudoroso y con la certeza absoluta de haber presenciado a una de las mejores bandas de directo que ha dado el rock europeo en las últimas tres décadas.

No se siente como un ejercicio de nostalgia mercantilista, sino como la reivindicación de un cancionero atemporal que suena más vigente, musculoso y necesario que nunca. TSOOL ha vuelto, y su banda sonora sigue siendo indestructible.