Crónica y fotos: Sergio García Lavilla

Después de un Mad Cool que nos dejó luces y sombras como podréis ver en las crónicas que hemos publicado, tocaba el turno del siempre complicado Noches del Botánico, en el que llevábamos ya un par de años en los que no habíamos tenido suerte en las acreditaciones.

Sin mucha esperanza, ya que no habíamos sido agraciados con Beth Gibbons o James, decidimos probar suerte con el combo explosivo de Califato ¾ y Viagra Boys, y como se suele decir, a la tercera fue la vencida (cosa que tampoco llegamos a explicarnos con más de 36k de seguidores). Con algún que otro problema en cuanto a acreditaciones de fotografía solucionadas por la producción en el momento, nos preparamos para el primer concierto de la velada, con una temperatura, entorno y sonidos perfectos para disfrutar de la música en un ciclo que abarca todo tipo de estilos musicales.

Califato ¾: Los Enfants Terribles del Breakbeat andaluz

El folklore futurista liderado por Manuel Chaparro, el auténtico director de orquesta de esta troupe de músicos rave, puso patas arriba un Botánico que se llenaba para ver a los suecos Viagra. Con la base de Eternidad toman posiciones con Crîtto de lâ Nabahâ, por todo lo alto, con arengas a un publico bailando cual rave dominical, sin parar de moverse por el escenario un Chaparro ataviado con una pamela de paja y gafas de sol.

No es el suyo, aunque pueda parecerlo, un discurso populista, sino que está articulado por una nítida línea de pensamiento; se podrá compartir o no, pero ahí están sus análisis y reivindicaciones, de fuerte carácter socio político, presentes en muchas de sus letras y en los comentarios que deja caer entre canción y canción. No da puntada sin hilo, con mucha ironía, mostrando una bandera de independencia de Madrid, que estuvo presente durante todo el concierto.

Pese a problemas técnicos que hicieron que se parase el concierto alrededor de diez minutos, no dejaron de sonar temas como Çambra der Huebê Çanto, Buleríâ del aire acondiçionao, La bía en roça, Çegaorâ con la impresionante Mª José Luna aportando un aire flamenco de muchos kilates, Dime Dónde Bâ – A Bendêh Tomatêh-, cerrando con Çilençio y unos espectaculares audiovisuales, con el subidón del techno y la trompeta de Pasión.

Además de la electrónica y la reivindicación, otro eje que vertebra su proyecto es la mezcolanza de estilos, todos ellos relacionados con su Andalucía natal. Hay cosas que remiten al flamenco, el desparrame de bits y samples; ahí están también sus melodías, algunas de las cuales beben de la tradición de la copla o de recursos más arábigos; y ahí están, sobre todo, las expresiones y el léxico que utilizan, sacados casi siempre de lo más profundo y tradicional de Andalucía, como fue el caso de la versión de Lola Flores Historia de un Amor.

Viagra Boys: Los primos gamberros de los Hives

Hay que reconocer que, si actualmente hablamos de punk, no podemos obviar a la banda sueca liderada por Sebastian Murphy. Hay pocos músicos modernos que llamen la atención sobre el escenario como Murphy, a quien solo se puede describir como un artista nato, lleno de tatuajes, sin camiseta, gafas de sol y unos pantalones Adidas se apodera del escenario de forma hipnótica.

Man made of meat abre el show al más puro estilo Funk punk con eructo incluido, seguido de Slow Learner en el que nos invita a vivir la vida de un modo más relajado, entre cervezas volando y cigarros cerrando con el desgano de Waterboy.

Con un sonido brutal y el carismático Murphy, van cayendo los temas en medio de pogos, cervezas volando, cigarros, latas de cerveza, gafas volando y todo tipo de artilugios surcando las cabezas de un público entregado.

Tras Aint no Thief le tocaba el turno a Pyramid of Health (con chuleta incluida al ser uno de los temas más recientes de la banda), un tema más lento, pero en la que la base rítmica y los teclados de Elias Jungqvist hacen que el tema se pegue en la mente como el cemento rápido. Con Uno II y la visión de la vida desde la mente de un perro nos ofrece lo más freak de la banda, en la que Oskar Carls nos sorprende con el saxo.

La única oportunidad para algo parecido a un momento de calma durante el concierto fue durante Medicine for Horses, otra canción de su último álbum que se centra en el amor de Murphy por su prometida y cómo esto lo ha inspirado a ser menos autodestructivo.

Sports y la alargada Research Chemicals, una pieza particularmente sórdida sobre drogas especialmente malas de su primer EP, Consistency of Energy de 2016, parecían cerrar una noche de un directo brutal y uno de los mejores conciertos del año.

Aun quedaban un par de sorpresas, la cruda Bog Body y la esperada Worms con su bajo pesado marcando el ritmo en la cadencia baja de un tema que habla de muerte y descomposición, lugar al que todos llegaremos independientemente de la clase social a la que pertenezcamos.

Despedida con Joe Cocker de fondo (curiosa elección de Up Where We Belong) con un comentario general, pedazo de concierto que hemos vivido.

Con un talento para el espectáculo casi inigualable, una base de fans apasionada y una evidente adoración por lo que hacen, los Viagra Boys van camino de convertirse en leyenda. Evidentemente inspirados por leyendas del punk y el noise rock como The Stooges y Butthole Surfers, esta es una banda que sabe exactamente lo que hace y, aún más, cómo ofrecer un espectáculo realmente excelente.

Si te gusta IDLES, Pigs pigs pigs, Squid, no puedes perdértelos