Crónica: Carlos Serrano
Hay bandas que no solo dan conciertos sino que arman verdaderas fiestas donde es imposible quedarse quieto. Eso es lo que pasó el pasado viernes en la Sala Villanos de Madrid. Alamedadosoulna, bandaza con muchos conciertos y festivales a las espaldas, celebraba su 25 aniversario. Una auténtica explosión de energía, baile y puesta en escena circense para, con mucho humor, agasajarnos con su cóctel de ska, reggae, calypso, funk, ritmos balcánicos y espíritu charanguero.
¿Me pone un cuarto de siglo, por favor? Nacidos a finales de los 90, Alamedadosoulna (del barrio que su propio nombre indica, y que tan prolífico como cuna de artistas ha resultado) ha construido a lo largo de 25 años un sello inconfundible. Su música no se entiende sin el espectáculo visual ni sin esa complicidad directa con el público. A lo largo de su trayectoria han sacado discos como Finissimo (2007), Finissimo 2, Play! , Jaleo (2014) llenos de estribillos contagiosos y metales afilados. Tras una larga etapa de pausa en la que siguieron publicando canciones y colaboraciones, la banda publicó el año pasado Canciones contra el Fin del Mundo (2025), discazo en la línea habitual que desde el humor habla de la alegría de resistir frente al mundo, a veces un poco en contra y artificialmente inteligente de más, sabiendo que los días son longanizas y que es mejor levantarse, brindar y flotar.
La química entre ellos sigue intacta, fresca y con las ganas de jarana a punto. Llenazo en la sala con entradas agotadas, llevándonos los madrugadores de regalo algún CD de sus antiguos discos, todo un detalle, sobre todo para los que aún tenemos donde poner CDs (gracias Chevrolet Aveo por aguantar).
Cuartito de hora de espera para celebrar un cuarto de siglo, el tiempo es tan relativo… y adelante! Fieles a su esencia, el show combinó la precisión musical con esa puesta en escena teatral que los caracteriza, uniformados con sus trajes rosa chicle, coreografías locas, carreras sobre el escenario y giros de guion que mantenían la sonrisa pegada a la cara de los asistentes. Concierto dividido en 3 bloques, y sin descanso entre tema y tema.
Arrancando con linea de bajo de Super Mario, Latnemurtsni, un poquito de Jaleo y dedicatoria de amor propio con Encantado de haberme conocido. Rubén Durán a la voz principal nos da la bienvenida, y seguimos bailando entre pogos repasando temas de su nuevo disco como Tranquilo y Un día Más, con vaivenes de sus temas anteriores. Con las caderas y las bielas a pleno rendimiento, nos bailamos un tetris balcánico y Rubén deja la voz principal a cargo de Rebeca Gismero, saxo alto, para deleitarnos con su potente y rasgada voz, sin dejar de transmitir cercanía y diversión porque está claro, que Girls just want to have fun.
Los metales durante todo el concierto son los que marcan la melodía con sus intervalos y dan color a los temas. Dani Maldonado a la trompeta (menudos solos Daniel), la propia Rebe al saxo alto, Ernesto al saxo alto y Roberto al varas. Se notan las tablas al ser capaces de bailar de lado a lado del escenario bailando sin arrearse un trombonazo (uno imagina que algun que otro se habrán llevado en 25 años). Pero todo parece tan sencillo cuando ves a alguien pasarselo tan bien…
Retoma la voz cantante Rubén, y seguimos bailando con Yo me levanto, reventamos el festival con Jamaika ska, y esquivamos con nuestros pasos prohibidos el Algoritmo balcánico. Nos merecemos un brindis de algo potente, asi que Veruska! Rubén saca su púa abanico gigante y los empleados del mundo nos despiden para cogerse un merececido descanso… mientras nos someten a una sesión de aeróbic ochentero super divertido.
A la vuelta, toman el relevo del bajo Gorka Menchaca, uno de los 3 miembros de la banda que han estado durante muchísimos años dando el callo, junto con Tuli al saxo alto y Laura Nadal, responsable de los teclados durante muchos años. Gorka es una bestia al bajo, super dinámico y divertido de oir. La verdad que se les ve una familia y seguro es parte del secreto para transmitir tanta alegría y buena vibra. Un lujo seguro poder reunirse todos con su público fiel, 25 años después de sus primeros conciertos y festivales… casi nada.
Fase final del concierto, amenizada con solo de badminton, veneno de víbora paralizante del que despertamos a base de buena batuta, despliegue de solos de trompeta y saxos, guitarras y más metales, siempre motorizados por el incombustible Juanjo Contreras a la batería, responsable del ritmo con una maestría firme y potente. Nos vamos cantando que siempre estamos de buen humor para con la última pincelada de función, Juanjo nos mande a dormir con sus baquetas gigantes.
Sonidazo durante todo el concierto, equilibrado siempre, algún ruidito puntual de alguna guitarra, cosas que pasan y que los pros saben mantener bajo control, metales impecables, teclado fundamental en este estilo también maravilloso, batería y bajo bailabílisimos… y el público con 2.000 calorias menos por las sentadillas, pogos, aeróbic y sonrisas ejecutadas.
Celebrar 25 años es mucho, y llegar en este estado de forma sónica no es fácil. Celebremos que tenemos Alamedadosoulna para el rato que ellos quieran, y si acaso llega el día que nadie les quiera escuchar, que disfruten de bailar desnudos conga y chachachá sabiendo que nos han hecho felices.





