Crónica: Victor Robi
Volvíamos a acercarnos —quizá por última vez antes de su cierre definitivo— a la casa del punk en Carabanchel, esa Gruta 77 que ha sido refugio, escuela y trinchera para generaciones de bandas y público. La noche prometía intensidad desde el principio, aunque por motivos logísticos no pudimos llegar a tiempo para ver a Los Pólipos, encargados de abrir la velada. Queda pendiente descubrir cómo sonaron, pero el ambiente dejaba entrever que habían calentado la sala como merecía la ocasión.
La programación de Deafcrowd continuó con Ikhorium, una banda joven con una propuesta rockera interesante, aún por pulir. Su sonido fue consistente, aunque la voz se perdió por momentos en la mezcla, detalles propios de un grupo en crecimiento. Aun así, su energía contagiosa y la solidez de la base instrumental dejaron claro que tienen margen para evolucionar y hacerse un hueco.
El contraste llegó de golpe con la entrada de Upchuck. No aparecieron: irrumpieron. Una apisonadora punk que no concede introducciones ni cortesía. Desde el primer acorde, KT Thompson tomó el control vocal del arranque con Tired y Freaky, afilada y urgente, mientras el resto de la banda empujaba la energía hacia adelante. La sala respondió de inmediato, empujada por la mezcla de precisión vocal y caos controlado. Ese punto llegó con Nowhere, donde KT sostuvo la voz mientras la banda aceleraba el pulso de la sala. Justo después llegaron Perdido y Un Momento, el único tramo del concierto en el que Chris Salado asumió la voz principal. Antes de seguir, lanzó un discurso directo contra Trump y contra ICE que encendió aún más a la sala. Tras esas dos canciones, volvió a la batería y ya no volvió a liderar vocalmente, cediendo definitivamente el timón del concierto a KT para un tramo final tan sólido como incendiario.
La descarga continuó con Trigger, donde KT recuperó el foco vocal y confirmó su reinado técnico sobre la noche. Forgotten Token mantuvo el pulso antes del melocotonazo Upchuck, que desató otra ola de movimiento. En Facecard, KT sostuvo la estructura vocal mientras la banda empujaba la intensidad. Fue a partir de ese punto —con Not Your Average Girl y el arranque de Our Skin— cuando el concierto entró en su fase más física: agua, cerveza y vasos comenzaron a volar por el aire, convertidos en parte del propio espectáculo, mientras el guitarrista tocaba literalmente sobre el público y la sala se entregaba al caos con absoluta naturalidad. Luego llegó In Your Mind, manteniendo la velocidad y el descontrol que definieron toda la actuación, siempre con KT al frente de la voz principal.
El cierre del set fue tan físico como todo lo anterior: KT terminó cantando entre las primeras filas, sudorosa, abrazada por un público que ya era parte del concierto. Pero aún quedaba pólvora. El bis fue incluso más desatado, con la sala gastando las últimas energías en un super pogo que parecía no tener fin. Entre las canciones finales se coló In the Wire, recibida como un regalo inesperado. La noche dejó una certeza: Upchuck no interpretan punk, lo encarnan. Su directo es visceral, político, físico y profundamente humano. En esta Gruta 77 que pronto apagará sus luces, ofrecieron una actuación que recordó por qué estas salas son esenciales: porque aquí el punk no se escucha, se vive.
PD: Deafcrowd sigue en marcha con otro bolazo: The Boojums, trío canadiense de fuzz crudo y energía urgente, llegan a la Sala Fun House el 14 de septiembre tras girar por Reino Unido, Europa y Canadá. Una noche de rock acelerado y distorsión que, recomendado, no perdérselo; nosotros no lo haremos.





