✍️ Crónica: Mercedes Márquez / 📷 Fotos: Sergio García Lavilla
Concierto perteneciente a la gira española de los americanos The Pains of Being Pure at Heart, que ya visitaron nuestro país el año pasado para conmemorar el 15º Aniversario de su primer disco, en la misma ubicación que en esta ocasión, el Lula Club de la mano de Intromusica.
Los norteamericanos encarnaron como pocos el renacimiento del indie pop y el twee a finales de los dos mil, con un pie en el ruido de The Jesus and Mary Chain y My Bloody Valentine, convirtiendo la timidez juvenil en un muro de guitarras distorsionadas, melódicas y memorables.
Pese a los rigores del verano en la capital, seguidores de la banda se apostaban en la puerta para poder estar otra vez cerca de sus idolos de juventud. La espera todavía se alargaría algo dentro, ya que estaban programados los teloneros, que en el caso de Madrid era los barceloneses Salvana. Con tan solo unos temas nos mostraron su habilidad para entrelazar pasajes oníricos de dream pop con un muro de sonido denso, pesado y vibrante que evoca a referentes como Nothing o Whirr.
La sala se acaba de llenar mientras se reajusta el pequeño escenario del Lula donde un arsenal de pedales de efectos y amplificadores listos para estallar aguardaba a los mesías de la nostalgia moderna.
El estallido inicial llegó de la mano de Contender, toda una declaración de intenciones sónica, mientras el bajo marcaba una línea firme, casi militar, mientras las guitarras tejían esa característica maraña de fuzz que difumina las fronteras entre el dolor y la euforia.
La voz de Berman, sepultada a medias en la mezcla como manda el canon del shoegaze, flotaba en el ambiente mientras sonaban los acordes luminosos de Come Saturday, con una transición perfecta desde la penumbra a un amanecer pop hipervitaminado. Con Young Adult Friction se activaron todos los recuerdos, el himno de una generación que encontró en las bibliotecas universitarias el escenario idóneo para sus dramas románticos.
El concierto avanzaba a velocidad de crucero, los temas iban cayendo uno tras otro, el punk-pop de This Love Is Fucking Right!, la speedica Ramona, la vibrante Stay Alive y la deliciosa Everything With You, donde la guitarra inicial, limpia y centelleante, evocó de inmediato el fantasma de los mejores escoceses de los ochenta.
El tramo final fue un crescendo demoledor con Heart in Your Heartbreak donde su ritmo sintético y su estribillo adictivo, puso a todo el mundo a bailar, sirviendo de puente perfecto para la explosión guitarrera de Until the Sun Explodes, un vendaval de noise-pop que amenazaba con derribar el techo de la sala.
Casi sin solución de continuidad, encadenaron Belong, densa, pesada y majestuosa, con The Pains of Being Pure at Heart, que desató la locura final. Fue un torbellino de distorsión, sudor y melodías perfectas, el testamento definitivo de su propuesta musical, con el que la banda se retiró entre un acople ensordecedor, dejando al público exhausto y pidiendo más.
El regreso al escenario rompió por completo el guion establecido, donde Kip Berman apareció en solitario, despojado de la muralla sónica de la banda, armado únicamente con su guitarra y su timidez. Tras una pieza desconocida y misteriosa que heló la sangre de la sala por su crudeza, Berman regaló una interpretación acústica de Anne With an E, una rareza fuera del repertorio habitual que sonó frágil, desnuda y dolorosamente bella.
Para rematar una noche inolvidable y completamente impensable en los planes originales, el bis se cerró con otra joya oculta fuera de programa: Gentle Sons, interpretada con una delicadeza sobrecogedora, funcionó como el arrullo perfecto tras la tormenta de distorsión que había dominado la velada. Noche de recuerdos y buena música que nos dejó a todos con ganas de más.





