Crónica: Victor Robi 

 

Nos acercábamos al Palacio Vistalegre para asistir al esperado regreso de The Neighbourhood a Madrid en una cita organizada por Live Nation. La banda californiana volvió a demostrar el enorme tirón que mantiene entre el público joven, llenando el recinto de seguidores dispuestos a convertir cada canción en un cántico colectivo. Y no tardaron en conseguirlo.

Pasaban pocos minutos de las nueve de la noche cuando las luces se apagaron y el grupo apareció sobre el escenario con Hula Girl, un arranque atronador que puso la primera piedra de una noche marcada por la intensidad. La respuesta del público fue inmediata y continuó creciendo con OMG, confirmando que Vistalegre estaba dispuesto a acompañar a la banda desde el primer minuto. Con Cry Baby, Jesse Rutherford comenzó a ejercer ese magnetismo escénico que le caracteriza, manejando a los asistentes a su antojo mientras la pista saltaba sin descanso.

El primer bloque del concierto sirvió para dejar claras dos cosas: que la comunión entre grupo y público era absoluta y que el sonido iba a ser uno de los grandes protagonistas de la noche. Reflections fue coreada prácticamente de principio a fin, mientras que Void introdujo un componente más electrónico que sentó especialmente bien al repertorio y provocó los primeros bailes generalizados. La contundencia de la mezcla fue tal que por momentos el volumen parecía superar al de muchos conciertos de rock duro que han pasado por el mismo recinto.

Con R.I.P. 2 My Youth se evidenció que el sector más joven de la audiencia respondía especialmente a los temas más melódicos y populares. Fue además el momento elegido por Rutherford para desprenderse de la camisa y recuperar esa actitud descarada y algo macarra que definió los primeros años del grupo. El tono se endureció ligeramente con Zombie, antes de que las pantallas cobraran protagonismo con nuevos mensajes visuales que desembocaron en un espectacular juego de luces durante Lovebomb.

La estampa fue una de las más bellas del concierto. Miles de teléfonos iluminaron las gradas mientras la melancólica canción envolvía el recinto en una atmósfera casi hipnótica. El contraste llegó inmediatamente después con A Little Death, una descarga mucho más rabiosa que recordó las raíces más crudas del repertorio de The Neighbourhood. La temperatura emocional siguió creciendo hasta desembocar en uno de los momentos culminantes de la noche: Afraid. El clásico de su debut sonó enorme, poderosa y perfectamente ejecutada, mientras el público respondía con una entrega absoluta. La interpretación provocó una de las mayores ovaciones del concierto y enlazó sin apenas pausa con You Get Me So High, manteniendo a Vistalegre en un estado de euforia constante.

El tramo central combinó distintos registros con notable naturalidad. Fallen Star mantuvo el tono festivo, Nervous aportó la dosis necesaria de emoción y Planet devolvió el componente bailable justo antes de que llegase una explosiva Devil’s Advocate. Acompañada por llamas y efectos de fuego sobre el escenario, la canción elevó la intensidad visual del espectáculo. Fue precisamente en esos momentos más agresivos donde la banda pareció mostrarse más cómoda y convincente.

La recta final adoptó un tono más romántico y melódico con Valentines, seguida de una muy coreada Baby Came Home 2. El ambiente se mantuvo en esa línea con The Beach y Chip Chrome, ambas recibidas con entusiasmo por un público que apenas dejó de cantar durante toda la noche.

Tras ello llegó una nueva subida de revoluciones con Pretty Boy y Cherry Flavoured, preparando el terreno para la gran explosión colectiva de la velada. Y es que cuando comenzaron a sonar los primeros compases de Daddy Issues, el recinto sencillamente estalló. Miles de voces acompañaron cada verso de uno de los mayores éxitos de la banda, convirtiendo el momento en un auténtico karaoke multitudinario. Con la audiencia completamente entregada, Private mantuvo la energía en niveles máximos antes de que llegara otro de los himnos inevitables del repertorio. Sweater Weather fue recibida como una celebración generacional, con toda la grada cantando al unísono una canción que ha trascendido generaciones y plataformas.

El cierre quedó reservado para Softcore, convertida en una espectacular despedida en la que la banda combinó toda su fuerza sonora con una producción visual impactante. Fuego, efectos pirotécnicos y una última explosión de energía acompañaron los compases finales de una actuación que dejó al público completamente satisfecho.

The Neighbourhood firmó así un concierto notable en Madrid, sostenido por una colección de himnos que siguen conectando con una audiencia extraordinariamente fiel. Entre momentos de melancolía, descargas de energía y estallidos de euforia colectiva, la banda confirmó en Vistalegre que continúa siendo una de las referencias más sólidas del pop alternativo contemporáneo.