Crónica y fotos: Sergio García Lavilla
El ciclo Noches del Botánico entre en su recta final después de dos meses de conciertos que han traído lo más granado del panorama internacional y nacional al corazón del Real Jardín Botánico Alfonso XIII, cuando Madrid empieza a vaciarse en una diáspora veraniega hacia lugares más frescos.
La cita de esta noche prometía algo distinto, una inyección directa de nostalgia, guitarras afiladas y melancolía pop. The Kooks, los abanderados del indie rock británico de mediados de los dos mil, desembarcaron en el escenario de Noches del Botánico en el marco de su esperada gira internacional que celebra los 20 años de su primer disco Inside In/Inside Out (2006).
Surgidos en Brighton en 2004 bajo la carismática batuta de Luke Pritchard, revolucionaron la escena del indie pop británico con el lanzamiento de su deslumbrante debut Inside In / Inside Out (2006). En una época dominada por el post-punk revival de Arctic Monkeys o Franz Ferdinand, el cuarteto optó por una receta más luminosa, melodías pegadizas, marcadas influencias del pop de los sesenta (con The Kinks y The Beatles en la sangre), pinceladas de reggae-ska y una urgencia juvenil irresistible.
Pese a no haber colgado el Sold Out (vinieron hace unos meses a la Riviera y el periodo vacacional) el recinto presentaba una gran entrada. Los seguidores de la banda esperaban en las zonas de restauración aledañas a la pista donde, rodeados de vegetación, la espera se hacía más llevadera.
Con puntualidad operística las luces se apagaron y, con una pista prácticamente llena, se dio paso al arpegio inconfundible de Sofa Song, un corte emblemático de la banda que era una declaración de intenciones, mientras la banda tomaba posiciones (con la batería elevada) y Luke vestido totalmente de blanco cual predicador ante sus fieles seguidores. Sin darnos respiro, enlazaron con el ritmo bailable y acelerado de Always Where I Need to Be, transformando la pista de césped en una auténtica fiesta al aire libre.
El arranque fue vertiginoso, con Eddie’s Gun trajo consigo la urgencia garajera de sus primeros años, seguida por el groove envolvente de Stormy Weather. Pero el verdadero primer punto de inflexión de la noche llegó con She Moves in Her Own Way donde Miles de voces madrileñas corearon al unísono el estribillo de uno de los himnos incontestables de la década de 2000. Tocaba apaciguar a las fieras explorando temas más reposados como Bad Habit o Sweet Emotion, llegando al ecuador del concierto cuando nos regalaron uno de los momentos más emotivos de la noche con Junk of the Heart con brazos en alto y móviles con luces, iluminando el reciento cual mecheros en los 90. Nos acercamos hacia el final de la noche con Seaside, un tema que abría su disco debut, el desarrollo atmosférico de Sway dio paso a una triada de puras descargas de energía con los temas Gap, See the World y la acelerada Mathbox que nos hacían intuir que esto se acababa.
El cierre estaba reservado a dos descargas de alta intensidad, Do You Wanna convirtió el recinto en un auténtico club britpop gracias a sus constantes cambios de ritmo, mientras que You Don’t Love Me desató la locura mientras el grupo se retiraba a sus aposentos.
El público no paraba de gritar a sabiendas de que quedaban dos trallazos pendientes. Regresando sobre el escenario agradeciendo al público su asistencia y apoyo, con mejores sensaciones que en su concierto de la Riviera, arrancó con el riff inconfundible de Ooh La, una lección magistral de cómo construir un tema indie imperecedero.
Sin embargo, la auténtica apoteosis estaba reservada para el final, cuando las primeras notas de Naïve retumbaron en la acústica del Botánico, el recinto sencillamente se vino abajo. El tema, convertido en patrimonio emocional para toda una generación, fue cantado con tanto ímpetu por los fans que por momentos tapaba a la propia banda.
Despidiéndose a lo grande, arropados por un gran aplauso, la sensación que nos quedó mientras volvíamos a nuestros coches, es que habíamos sido testigos de una banda que es capaz de condensar en su trabajo, dos décadas de la mejor tradición del pop-rock británico.





