Crónica: Víctor Robi
Todos los días una banda no cumple dos décadas, y las ganas acumuladas de ver a The Kooks otra vez se notaban en el ambiente de La Riviera, que ya anunciaba que la noche iba a ser especial. El público era sorprendentemente variado: adolescentes que descubrieron a la banda por TikTok y treintañeros que crecieron con Inside In/Inside Out como banda sonora de su juventud.
Con un cuarto de hora de cortesía sobre la hora anunciada, Luke salió con esa mezcla suya de timidez y seguridad, como si aún no se creyera del todo que la gente sigue viniendo a verlos. No hubo introducción, ni discursos, ni artificios: solo guitarras limpias, un ritmo preciso y esa voz tan característica arrancando con el primer hit, “Sofa Song”. Como era una cita especial, la banda se centró en sus temas más populares, dando más peso a los discos desde Listen hacia atrás. El público, entregado desde el primer momento, fue calentándose con el paso de los minutos, sacando las primeras palmas con “Stormy Weather”, que dio paso al clásico “She Moves in Her Own Way”, y continuando la fiesta con la genial “Bad Habit”.
Después llegó un pequeño bloque dedicado a Listen, para mí su mejor álbum, donde se ve a un Luke más suelto, especialmente en la brutal “Westside” —el funk les sienta fenomenal—, cerrando esta parte con “Sweet Emotion”.
Entre medias tocaron un tema de su último álbum, “Sunny Baby”, al que le falta algo de punch en directo, un momento que quedó eclipsado por el buen rollo que trajo “Junk of the Heart (Happy)” o la emotiva “See Me Now”, con Luke al piano dedicándosela a su padre, al que perdió cuando era muy pequeño. Tras esto, Luke se quedó solo en el escenario con su guitarra y, en una muestra de que The Kooks no venían con el piloto automático, escuchó al público y se animó a tocar “Taking Pictures of You”, creando un momento improvisado precioso antes del huracán desatado con “Seaside”.
A partir de ahí llegó la parte más animada del concierto, con una sucesión de grandes temas como “Down”, “See the World”, “Do You Wanna” o la coreadísima “You Don’t Love Me”, que sirvió como cierre de la parte oficial del show. Para el bis quedaron “Ooh La” y su melocotonazo por excelencia, “Naïve”, con el que clausuraron un gran concierto.
Los británicos ya no sorprenden a nadie con su show; sin embargo, vi a la banda en mejor forma que otras veces en las que iban con el piloto automático. Ojalá sigan con estos directos, demostrando por qué se convirtieron en una de las grandes bandas británicas de su generación, solo eclipsadas por Alex Turner y compañía. El único lunar del concierto fue su duración: 1 hora y 20 minutos, que en mi opinión podría haberse estirado con un par de temas más para llegar a la hora y media mínima exigible para este tipo de bandas.





