Crónica y fotos: Sergio García Lavilla

Tras más de 8 años separados, la banda de Garage-beat australiana liderada por Jamie Turner, vuelve a los escenarios después de su experiencia con MYTHS, para desplegar todo su potente sonido sesentero.

La cita no podía ser en otro lugar que en el Fun House, refugio del sonido 60s garajero, de la mano de Knock Knock Booking & Management. Pese a tratarse de un lunes, la sala presentaba más de media entrada de seguidores de la banda, que ya aterrizó por estos lares hace unos 12 años.

Con la banda charlando y tomando unas cervezas con el público, la gente fue llenando el local, momento en el que se subieron al escenario por la famosa escalera de la Fun House.

Michael Nutt abrió el espectáculo con su órgano con un sonido al estilo de The Doors, con Aint No Fire dando paso a una serie de melodías que hicieron vibrar al público.

El estilo vocal del cantante y bajista Jamie Turner, al estilo de John Lennon, se mezcló bien con los tonos de guitarra (recordándonos a los Beach Boys), dándole un toque único a su repertorio de los años 60 como con I’m Fool for You, Two to Match, Dont leave much a man, Stick& Stones o She’s so Fine o I’m a Fool For You, que mantuvo un sonido retro rock.

Con Clear My Mind nos recordaron al órgano de Ray Manzarek (The Doors) junto con una melodía fluida y suave, hacia las delicias del público, llevándonos a la psicodelia setentera que tantos grupos dio y que han sido germen de la actual (Temples).

No faltó tampoco los toques de armónica en Let You Down ni el recuerdo a tantos buenos grupos australianos, entre ellos Tame Impala, en lo que podríamos denominar New Aussie Wave. La cover de la noche vino de la mano de Poison Ivy popularizada por los Coasters muy bien resuelta y customizada al estilo Learys.

La banda adoptó un ligero tono más duro con voces más agresivas en temas como Not Me en los que brillaron los solos de guitarra acompañados por un ritmo de batería sólido, manteniendo su estilo retro. Terminamos con un final espectacular donde I’ve Got My Mojo y Walking the Dog de Rufus Thomas dejaron un buen sabor de boca a todos los asistentes.

Tras una hora de concierto se despidieron bajando entre el público, firmando discos y vendiendo su merchandising que liquidaron en apenas unos minutos (quizás porque no eran precios abusivos como últimamente vemos en bandas de mayor postín).

Pese a ser un genero que hoy en día no tiene mucha repercusión mediática, merece la pena asistir al concierto de este cuarteto australiano, buen rollo, órgano Hammond, sonidos sesenteros que te mueven el cuerpo desde el primer acorde, fiesta y diversión, no fallan.