Crónica: Víctor Robi
Fotos: Sergio García Lavilla

No era mi primera vez con los australianos The Cat Empire, pero sí la primera en un concierto propio. ¿Conseguirían mantener el ambiente festivo fuera de los festivales? Esa era la pregunta que íbamos a responder esta noche.

Con apenas unos minutos de retraso, salieron al escenario ante una sala abarrotada, con un público con ganas de pasarlo bien y bailar desde el inicio con Blood on the Stage, seguida de How to Explain, donde Lázaro Numa mostró sus dotes con una parte en castellano. El arranque no pudo ser mejor: el público bailaba ska, jazz o salsa con la misma entrega. La fiesta continuó con Oscar Wilde, Prophet on the Sky y Qué Será Ahora. Las canciones con partes en español eran recibidas con júbilo y cantadas a pleno pulmón.

En realidad, podría haberme ido ya, porque la respuesta estaba más que clara: sí, mantienen el nivel. Son una bandaza que disfruta y hace disfrutar, con Félix Riebl manejando al público con maestría. Además, tienen ese puntito adictivo que te hace querer más de sus hits, como Brighter Than Gold, Two Shoes o la versión de Candela, con Diego como invitado para darle un toque flamenco que no terminó de encajar, pero nada es perfecto.

La anécdota llegó cuando Félix explicó la historia detrás de Song for Elias, que Lázaro tuvo el detalle de traducir. España es protagonista: Elias era un músico español que enamoró a una británica con la que jamás pudo reencontrarse. Tras esta bonita historia, se armó el despelote con el melocotonazo Two Shoes, manteniendo el nivel con Hello.

Después llegó un momento de calma con Sly y un solo de batería que aportó poco. Recuperamos el ritmo con la hermosa Steal the Light, aunque quedó eclipsada por Still Young, que desató el desenfreno y marcó el fin del concierto y el inicio del bis, motivado por un público que siguió cantándola incluso sin banda.

En el bis, todo el mundo estaba entregado, recibiendo con locura Bulls, seguida de un mix de canciones: Fishies / Days Like These / Saltwater Thunder Rumbles / The Darkness / The Rhythm / In My Pocket / The Wine Song. Puede que se me escapara alguna, ya que también presentaron fragmentos de dos temas nuevos. Como despedida, se guardaron The Chariot, con el público gastando sus últimas energías tras dos horas de intenso concierto.

Superaron mis expectativas con un espectáculo de gran calidad y generosa duración. Sin trampa ni cartón: sus conciertos son una fiesta de baile y buen rollo. A esta agrupación no se le puede poner ninguna pega; incluso en los momentos más bajos, siguen siendo de notable.