Crónica: Victor Robi

 

Para escapar de la ola de calor que asfixiaba Madrid, nos refugiamos anoche en La Gruta 77, ese templo del rock que encara sus últimos días, para ver a The Casualties en una de sus últimas grandes citas antes del cierre gracias a la promotora del punk que no es otra que HFMN Crew. Y desde que pisamos la sala quedó claro que habíamos elegido el mejor refugio posible: un lugar donde el calor se combate a base de ruido, sudor y punk sin concesiones.

La banda salió con Detonate como si alguien hubiera accionado un interruptor industrial: una descarga inmediata, seca, directa. A la segunda canción ya había pogos desatados, un torbellino que se expandió por la sala como si el público necesitara liberar semanas enteras de calor acumulado. Con Ugly Bastards y Get Off My Back la banda confirmó que venía a arrasar, y a la tercera ya tenían montado un circle pit que parecía querer tragarse el suelo.

People Over Power sonó brutal, un mazazo que hizo vibrar hasta las vigas del local. Y con la siguiente ya estaban quemando máquinas, acelerando todo lo que se podía acelerar sin que la sala explotara. Pero el primer gran momento llegó con Criminal Class: el cantante se bajó al foso, cantando entre abrazos, empujones y emoción, creando uno de esos instantes que se quedan grabados en la memoria colectiva. Desde ahí, el sonido mejoró notablemente, como si la banda hubiera encontrado el punto exacto de temperatura.

Con 1312 la comunión fue total: banda y público cantando al unísono, puños en alto, un grito compartido que retumbó en cada rincón de La Gruta. El concierto seguía in crescendo, mostrando por qué The Casualties tienen la reputación que tienen: una mezcla de crudeza, oficio y una energía que no se negocia.

Hubo un pequeño problema con la guitarra tras Borders, pero lejos de frenar el ritmo, sirvió para que el público tomara aún más protagonismo. Y entonces llegó Riot, que desató un pogo gigante, probablemente el más salvaje de la noche. System Failed Us… Again mantuvo la fiesta con gente surfeando sobre las cabezas, mientras la banda ayudaba a subir a quien hiciera falta, repartiendo abrazos y sonrisas entre canción y canción.

El público estaba entregadísimo, y Tomorrow Belongs to Us terminó de incendiar la sala, un himno que cayó como gasolina sobre un fuego ya descontrolado. La recta final fue una traca espectacular que arrancó con Unknown Soldier, seguida de un bis que remató la noche con dos últimas piezas que dejaron a La Gruta sin aliento.

Y entonces llegó el melocotonazo final: We Are All We Have. Una versión extendida, coreada por absolutamente toda la sala, que convirtió La Gruta 77 en un único coro, un último estallido de voces que parecía querer detener el tiempo antes de que este lugar mítico cierre sus puertas.

Fue un concierto feroz, emotivo y profundamente físico, una celebración del punk en su forma más pura. The Casualties no solo dieron un show: rindieron homenaje a un templo. Y La Gruta respondió como solo ella sabe hacerlo, con un latido colectivo que anoche sonó más fuerte que nunca.