Crónica: Victor Robi
Mad Psych Fest convirtió anoche la Wurlitzer en un hervidero psicodélico con un doble cartel que difícilmente podrá repetirse. Evolfo y The Black Wizards compartieron escenario y espíritu: dos bandas distintas, dos maneras de incendiar el directo, una misma voluntad de dejar la sala temblando.
Evolfo fueron los primeros en aparecer, seis músicos comprimidos en el pequeño escenario de la Wurli pero desplegando una actitud tan expansiva que parecía que la sala se les quedaba pequeña desde el primer riff de Am I the Butterfly. Con Rest Your Head y Silver Dog, los riffs hipnóticos comenzaron a fluir como una corriente continua, envolviendo al público en un trance creciente. La cuarta, City Mind, fue un mazazo: la más enérgica y penetrante del arranque, un golpe de electricidad que terminó de encender la noche. En Anywhere But Here y Adrian, la banda mostró ese hermoso caos que los define, una mezcla de capas sonoras que chocan y se abrazan sin perder nunca el pulso.
Aquarian Blue ganó peso gracias a un saxofón desbocado que añadió un toque jazzero inesperado, y con Detach llevaron la psicodelia al punto de la hipnosis, transportando a la Wurlitzer a otra galaxia. The Changer desató la fiesta total, seguida de Hellow, donde el sax rugió como si quisiera romper el techo. Strange Lights mostró el lado más bailongo del cantante, moviéndose como un predicador psicodélico guiando a su congregación. A partir de Restless Seed y Whale, Evolfo ya jugaban en modo arrollador, cada tema empujando al público un poco más hacia el descontrol. Avant Jug y The Committee mantuvieron la intensidad, Moon Eclipsed preparó el terreno y LOTAC cerró el set con un final enorme, dejando claro que la banda había dado absolutamente todo. Evolfo no solo estuvieron bien: estuvieron excelsos, de esos conciertos que se quedan grabados en la memoria de la Wurli como una marca de fuego.
The Black Wizards arrancaron justo después, con los miembros de Evolfo entre las primeras filas disfrutando del sonido retumbante de Wishing Well. Con Killing the Buzz, todo se volvió nítido: volumen espectacular, guitarras afiladas y un despliegue de energía que hizo despegar definitivamente el concierto. Elevator 15 mantuvo la velocidad, pero fue Ain’t Joking la que terminó rompiendo una cuerda y demostrando que el directo de los portugueses es pura fuerza bruta. Volvieron a toda caña con Loose, y la cuarta, Beat, agitó al público sin descanso. La quinta, 9 to 5, uno de sus lanzamientos más recientes, sonó fresquisima, con Johanna mostrando un chorro de voz impecable que volvió a brillar en Turning Blue. La banda sonaba genial, con ese fuzz enérgico que los caracteriza, aunque era evidente que Evolfo habían dejado el listón muy alto.
Aun así, The Black Wizards siguieron a lo suyo: riffs y actitud. Imposing Sun sacó la primera gran ovación, y con Don’t Wanna Die y Ain’t Talking ofrecieron su mejor ración de stoner, densa y vibrante. 56th Floor cerró el set con potencia, demostrando que saben rematar un concierto con autoridad. Para el bis, la banda regresó con You’re Big, un cierre rotundo que dejó la sala vibrando y que puso el broche final a una noche de fuzz, volumen y entrega total.
La velada fue estupenda: dos grandes bandas, dos directos intensos y una Wurlitzer que ardió como pocas veces. Pero lo de Evolfo fue otra cosa. Un concierto excelso, hipnótico y arrollador, donde cada canción empujó al público un poco más hacia el descontrol. The Black Wizards ofrecieron un show poderoso y lleno de fuzz, pero la sombra de Evolfo era inevitable: habían incendiado la sala antes de que los portugueses tocaran una sola nota. Una noche que no se escucha: se vive y se sobrevive.





