Fotos: Sergio García Lavilla / Crónica: Mercedes Márquez
El trío neoyorquino Tchotchke nos presenta su segundo álbum Playin’ Dumb (2025), siendo la confirmación definitiva de que no es una simple banda de imitación retro, sino un auténtico torbellino de pop y rock and roll sofisticado con una fuerte dosis de sarcasmo contemporáneo.
La banda integrada por Anastasia Sanchez (batería y voz principal), Eva Chambers (bajo y voces) y Emily Morse (guitarra y voces) despliegan un delicado pero agresivo equilibrio entre las armonías ultra-dulces de las girl groups de los años sesenta y la actitud mordaz, afilada y desvergonzada del garage punk más primitivo.
La cita era en la Sala El Sol, de la mano de Nuevacosta, el lunes post resaca del Azkena, que hizo que la entrada fuera discreta para la primera vez que el trio desembarcaba en Madrid.

Con una media entrada era el turno del trio neoyorquino, que tomaban el escenario con una estética que evoca la sofisticación de la era Mod pero con un sutil velo de cinismo contemporáneo (destacar el traje de flamenca de Eva). Sin más preámbulos arrancaron con Did You Hear?, el adictivo sencillo impulsado por guitarras donde las fantasías románticas de la adolescencia se tuercen rápidamente hacia un divertido desprecio
Sin dar un respiro, encadenaron el trote rítmico y juguetón de Don’t Hang Up on Me, donde los ganchos melódicos evocaron de inmediato la influencia de sus mentores y productores, The Lemon Twigs, pero con un toque mucho más rústico y directo.
La transición hacia la genial Poor Girl, un medio tiempo de tintes blueseros y pop barroco, donde los juegos vocales a tres voces rozaron una perfección milimétrica, demostrando que la complejidad de sus grabaciones de estudio se traslada al directo con una naturalidad pasmosa.

La deliciosa versión de Love Is Strange, el clásico de Mickey & Sylvia., la hipnotizante Dizzy, la melancolía soleada de Oh Sweetheart, la madurez de Come On y Skipping Around nos acercaban al final del evento.
Tras la reinterpretación de C’mon Marianne, el clásico de The Four Seasons, la banda encadenó una tríada de contrastes absolutos, con la melancólica crudeza de Goodbye, seguida por las ricas texturas pop de Longing Delights, y la increible Egyptian Shumba, el clásico de culto de The Tammys. Fue aquí donde el público terminó de rendirse. Las tres neoyorquinas desataron sus característicos gritos salvajes, cavernícolas y estridentes, rompiendo por completo la fachada de chicas buenas y demostrando que detrás de esos vestidos de corte sesentero late un corazón puramente punk y visceral.

Un grupo que, pese a su juventud, apunta maneras en la onda Mod, recomendable para los fans de los Girls Groups de los 60s (Ronettes, Shangri-Las, Chiffons).





