Crónica: Sergio García Lavilla / Fotos: Sergio Albert (Primavera Sound)
Concierto perteneciente a la Gira presentación del quinto trabajo del australiano Kevin Parker aka Tame Impala, que lleva por título Deadbeat (2025) en el que da un giro inesperado hacia el house y el techno, dejando de lado el pop psicodélico de Currents (2015) que le puso en los primeros puestos de las listas mundiales.
Quizás esta transición era previsible, teniendo en cuenta Neverender y One Night/All Night, las canciones que Parker creó en colaboración con el dúo electrónico francés Justice el año pasado, pero aun así se siente a años luz del Tame Impala que todos conocemos, y que tras su paso por España en 2018 (MadCool) y 2022 (PrimaveraSound) deseábamos ver cómo se comportaban en directo.
La cita era en el Movistar Arena de la mano de Primavera Tours con un Sold Out total (cuarta planta incluida). El público era de lo más heterogéneo, mostrando las dos épocas de Tame Impala, desde los más veteranos de la tercera edad (aquellos que recuerdan Innerspeaker) hasta la Generación Z e incluso algunos jóvenes de la Generación Alpha acompañados de sus padres (aquellos que se han sumado a través de Currents de 2015).
La apertura de puertas era a las 18:30 con la actuación programada a las 20:15 (algo pronto para un martes laborable), que se complicó con una tormenta que empapó a todos los que esperaban para situarse lo más cerca posible del australiano.

El concierto arrancaba con Apocalypse Dreams (Lonerism 2012), con el ágil bajo que se mantiene en los continuos cambios de tempo que caracterizan los primeros trabajos de Kevin. Avanzamos en el tiempo con The Moment (2015) y Borderline (2020) en lo que parecía un viaje a través de su discografía que iba mostrándonos su evolución musical, ante un despliega de luces de lo mejor que he visto (a la altura de Justice) pero con un sonido bastante mejorable (bajos fagocitando las guitarras y synthes).
Como era de esperar, los clásicos de Tame Impala fueron los que provocaron las reacciones más entusiastas del público. Breathe Deeper, Gossip y el primer momento álgido de la noche con Elephant, el sencillo que catapultó al proyecto a la fama en el álbum Lonerism de 2012, avanzaba con fuerza gracias a ese icónico riff de garage rock que salía de la vibrante guitarra de Parker con una iluminación exquisita. Mientras el sonido iba mejorando poco a poco, nada era comparable al juego de luces que despliega el australiano, lo mejor del concierto sin duda alguna.

Los sonidos alternativos/indie con toques electrónicos que emanaban del escenario, acompañados por el falsete de Parker, se combinan con las deslumbrantes luces y láseres para transportar al público a otro mundo.
Y aquí es donde creo que el concierto de Tame Impala terminó, ya que lo que vino a partir de aquí, resultó muy irregular y a veces hasta aburrido (el cantante preguntó si seguíamos ahí).
La segunda parte del show comienza en una plataforma circular al lado de la mesa de sonido, con unas lámparas y una mesa de mezclas donde Kevin se marca una mini sesión DJ y dos temas de su último trabajo Ethereal Connection y Not my World cantados tumbado……enfriando el ambiente, que consiguió arreglar al volver con Let it Happen al escenario principal (segundo momento de la noche) y su estribillo coreado a lo Lo,lo,lo español.

Despedida con My Old Ways, el funk nocturno de The Less I Know the Better por el que mucha gente conoció a Tame Impala y despedida con End of Summer cual rave en Coachella.
A modo de resumen, un concierto de Tame Impala se centra en la conexión, y eso fue precisamente lo que se echó de menos durante las dos horas. La puesta en escena visual fue similar a la que Radiohead presentó en sus conciertos de 2025, ambos grupos comprenden claramente el atractivo de combinar efectos visuales inmersivos con diseños de escenario innovadores, siendo lo mejor sin duda de la noche.





