Crónica: Victor Robi
Nos acercábamos a Vistalegre para ver el concierto de vuelta de OneRepublic a Madrid, una cita posible gracias a Live Nation, que devolvía a la banda a la capital tras años sin pasar por la ciudad. Pasaban apenas unos minutos de las nueve cuando las luces del Palacio se apagaron y el grupo irrumpió con RUNAWAY, un arranque directo que activó al público desde el primer compás.
El sonido, nítido y contundente, marcó la pauta de una noche en la que la producción estuvo a la altura de un grupo con dos décadas de trayectoria. Tras el instrumental Born, Feel Again llegó acompañada de una lluvia de papeles que cubrió el escenario y dio al concierto un primer golpe visual. Good Life, enlazada con un guiño a Midnight City, sonó especialmente limpia, subrayando la solvencia técnica del directo.
Ryan Tedder, en plena forma vocal, se dirigió pronto al público para pedir disculpas por los conciertos cancelados en fechas recientes y recordar con cariño el mes que pasó en España, con mención especial al País Vasco. La respuesta fue inmediata: una ovación cálida que desembocó en Stop and Stare, recibida con júbilo.
El concierto avanzó con una mezcla de energía y sensibilidad. Light It Up mantuvo el pulso alto antes de que el escenario volviera a cubrirse de papeles. Con Singapore, el violín y el violonchelo ofrecieron uno de los momentos más delicados de la noche, antes de que Secrets —coreada de principio a fin— devolviera al recinto a la intensidad colectiva.
La secuencia formada por Rescue Me, Run y Something I Need convirtió Vistalegre en un coro masivo, iluminado por miles de móviles. En medio del ambiente festivo, la banda lanzó varios balones de fútbol firmados hacia la grada; uno de ellos terminó cayendo directamente sobre este cronista, para diversión general.
El tramo acústico permitió a Tedder recuperar dos composiciones escritas para otros artistas: Halo y Bleeding Love, convertidas en un karaoke multitudinario. A continuación llegó el momento más local: La perla, de Rosalía, interpretada con la grada cantando prácticamente sola.
Tras un breve descanso visual con imágenes de Madrid proyectadas en pantalla, el concierto retomó su ritmo con Lose Somebody y una poderosa Apologize, acompañada por palmas que hicieron vibrar el recinto. Eddy Fisher, batería de la banda, dirigió al público como un maestro de orquesta antes de que Tedder invitara al escenario a Emilio, un pianista llegado desde París, para acompañar Need Your Love.
El tramo final fue una sucesión de éxitos: I Ain’t Worried, I Lived —que hizo saltar a todo Vistalegre— y Sunshine. Entonces llegó la sorpresa de la noche: un solo flamenco interpretado por Zach Filkins junto a cajón y la bailaora Belén López, que transformó el escenario en un tablao improvisado y arrancó una de las ovaciones más largas del concierto.
Tras ese paréntesis, OneRepublic regresó a su repertorio más reconocible con Counting Stars, recibida como el gran himno que es, y un cierre explosivo que unió I Don’t Wanna Wait, Calling (Lose My Mind) y If I Lose Myself, dejando al público en un estado de euforia colectiva.
OneRepublic cerró la noche demostrando por qué se han consolidado como una de las grandes bandas de pop de este siglo. Lo hicieron con un directo preciso, un repertorio que sigue funcionando como una máquina bien engrasada y un show tan dinámico como divertido, capaz de convertir Vistalegre en una celebración colectiva que Madrid hizo completamente suya.





