Crónica: @mr.barciela / Fotos: Fer González (Noches del Botánico)

 

El verano en Madrid tiene una doble cara, el calor aprieta durante el día, pero al caer la tarde la ciudad encuentra un respiro en espacios como el Real Jardín Botánico Alfonso XIII. Rodeado de naturaleza, es uno de esos recintos que invitan a llegar con tiempo, pasear entre sus jardines o sentarse en alguna de las mesas repartidas por el parque mientras se disfruta de una bebida y se espera la apertura de la zona de conciertos. Aquí, la espera también forma parte del espectáculo.

Desde su primera edición en 2016, las Noches del Botánico se han consolidado como una de las grandes citas musicales del verano en Madrid. Su cuidada programación, la calidad del recinto y un ambiente mucho más tranquilo que el de los grandes festivales han convertido este ciclo en un referente para artistas y público. Con ese escenario como marco incomparable, La Tania y Niña Pastori fueron las encargadas de poner banda sonora a una nueva noche de música bajo las estrellas.

La primera de las artistas de la jornada, “La Tania”, cantante alicantina que ha sabido acercar la copla y el flamenco al público actual sin perder la esencia en ambos géneros. Una mezcla entre tradición y mirada puesta en lo contemporáneo. Se presentaba en el festival para presentar su primer trabajo musical “AMORIOS . LA VERDAD DE MI COPLA”.

Con una puesta en escena muy sobria, en la que el blanco dominaba todo el escenario, La Tania apareció puntualmente a las ocho y media de la tarde. La acompañaban únicamente un guitarrista y un teclista que alternaba su interpretación con una caja de sonidos, dejando que fuera su voz cálida y profunda la auténtica protagonista de la actuación. Pero no subió sola al escenario. Su vestuario dejaba ver su avanzado embarazo, un detalle que aportó una emoción especial al concierto y convirtió cada canción en una celebración de la vida.

«Quereles» fue el tema encargado de abrir el recital, una copla llevada al presente que La Tania rescata y acerca a un público joven que la hace suya con naturalidad. La artista confesó la ilusión que le hacía actuar en un escenario al que tantas veces había acudido como espectadora, cumpliendo así uno de sus sueños. El repertorio continuó con canciones de su último trabajo, como «Monigote», «Besitos de Otro» o «El Emigrante», la popular composición inmortalizada por Juanito Valderrama.

También hubo espacio para las sorpresas. La Tania invitó al escenario al actor y cantante Carlos González para interpretar «Lo Quiero» y «A Quién Elijo que Muera», en dos interpretaciones llenas de complicidad y sensibilidad. Como broche final sonaron «Teteo», una canción que cuenta con la colaboración del grupo femenino Papá Levante y que brinda por la amistad, y «Los Almendros«, el tema con el que la artista alcanzó una gran proyección tras formar parte de la banda sonora del documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés, dirigido por C. Tangana.

Tras la actuación de La Tania, llegó el habitual cambio de escenario. Aunque el concierto había colgado el cartel de entradas agotadas, muchos asistentes optaron por disfrutar de la primera actuación desde las terrazas y zonas de descanso del recinto, escuchando la música al aire libre antes de acceder al espacio principal para el segundo concierto de la noche.

Niña Pastori regresaba a Noches del Botánico para presentar Color Fania, su último trabajo discográfico, un álbum en el que rinde homenaje al universo sonoro de la legendaria Fania, reinterpretando algunos de sus grandes clásicos desde su inconfundible personalidad flamenca. Una propuesta valiente en la que la artista gaditana tiende un puente entre el flamenco y los ritmos afrocubanos, demostrando que ambos lenguajes musicales comparten mucho más de lo que a simple vista podría parecer.

Con apenas unos minutos de retraso, los músicos fueron ocupando sus posiciones sobre el escenario mientras las pantallas proyectaban un audiovisual dedicado a Fania Records, el mítico sello neoyorquino fundado en los años sesenta que revolucionó la música latina y convirtió la salsa en un fenómeno internacional de la mano de artistas como Celia Cruz, Héctor Lavoe, Willie Colón, Rubén Blades o Johnny Pacheco. Era la mejor carta de presentación para el espectáculo que estaba a punto de comenzar. Con los primeros acordes de «Triste y Vacía», seguidos de «Periódico de Ayer», Niña Pastori dio el pistoletazo de salida a una noche en la que la salsa y el flamenco caminaron de la mano desde el primer compás.

Para Niña Pastori era una alegría regresar a Madrid para presentar su reciente disco. Cercana y distendida desde el primer momento, bromeó con el público comparando el calor de la capital con el de su querida Cádiz, arrancando más de una sonrisa entre los asistentes. El concierto continuó con varias canciones de su último trabajo, entre ellas «Gitana», «El Incomprendido«, «Bamboleo» y «El Gran Varón», en las que volvió a demostrar la naturalidad con la que hace convivir el flamenco con los ritmos de la salsa.

Tras este primer bloque, la artista dejó el protagonismo a sus músicos y coristas mientras abandonaba unos minutos el escenario para cambiarse de vestuario. A su regreso, luciendo una brillante bata dorada, regaló al público un popurrí con algunos de los temas más emblemáticos de su trayectoria, como «La Habitación», «Válgame Dios«, «Caí», «Ya No Quiero Ser» o «La Quiero a Morir», entre otros. Durante todo el recital destacó un sonido impecable, con la voz de Niña Pastori sobresaliendo por encima de la banda gracias a ese timbre cálido y aterciopelado que, sin perder sus raíces flamencas, transmite emoción, melancolía y una enorme cercanía.

La propia artista confesó, entre risas, que no quería que la noche terminara, aunque bromeó diciendo que «los vecinos ya se estarían quejando del ruido». Aun así, todavía quedaba tiempo para disfrutar de la recta final del concierto con «Cuando Me Besas», «Dentro de Mi Corazón», «Regoleta», «Por Eso Canto» y una vibrante «Bemba Colorá», que puso el broche definitivo a una actuación llena de energía.

Así concluyó una de esas noches que explican por qué Noches del Botánico se ha convertido en una cita imprescindible del verano madrileño. En un entorno privilegiado, rodeado de naturaleza y bajo el cielo de la capital, La Tania y Niña Pastori ofrecieron dos maneras distintas, pero complementarias, de entender la música de raíz, una mirando al futuro desde la tradición y la otra demostrando que el flamenco siempre encuentra nuevos caminos para dialogar con otros géneros. Una velada que dejó al público con la sensación de haber disfrutado no solo de dos grandes conciertos, sino también de una experiencia que va mucho más allá de la música.