Crónica y fotos: Sergio García Lavilla
Cada vez está más cerca el momento en que, Madrid se vacía en las esperadas vacaciones de verano, donde los festivales se trasladan a zonas costeras (FIB, LOW, Santander Fes, Leyendas del Rock, Rototom….) y las salas se preparan para tomarse un descanso de cara al final de año que es donde están en su apogeo.
Pero en los últimos coletazos del mes de julio, es el momento en el que podemos descubrir bandas que, pese a no ser tan conocidas en el mainstream, son auténticas joyas en géneros no tan populares.
Este es el caso de los holandeses MOOON, el trio formado por los hermanos Tom y Gijs de Jong y su primo Timo van Lierop presentan su tercer trabajo III (2024) al más puro estilo Led Zeppelin mezclado con unos primigenios Beatles, en el que nos sumergen en la psicodelia de los 60s donde los primeros Pink Floyd, The 13th Floor Elevators, Small Faces, Love…..ponían la banda sonora a los viajes psicotrópicos de una generación Hippie que empezó a despertar por todo el mundo.
La cita es en la sala Fun House de la mano de Knock Knock Booking (tienen un portfolio con autenticas joyas europeas de garage y psicodelia) con una media entrada propia de las fechas en las que nos movemos.
Para ir calentando el ambiente teníamos como telonero a Frankies Strange Machine, proyecto musical del holandés Frankie Lamberts donde nos mostró parte de su trabajo Als Sneeuw Voor De Zon y Panic Attack que navega entre las aguas de la psicodelia de Syd Barrett, el folk de Nick Drake y el garaje distorsionado de The Music Machine. Complicidad con el público y buen hacer que tuvo su recompensa con un solicitadísimo bis que no estaba previsto pero que fue bien merecido.
Sin tiempo para pedir una cerveza, suben al escenario Mooon, con una estética sesentera y un equipo muy vintage que ayuda a que los sonidos sean más puros y potencien la sensación de viaje en el tiempo.
Abren el show con el pop-rock crudo, al estilo Doctor Who, de la conmovedora I Will Get To You, que rápidamente edulcoran con el ágil ritmo surfero de Rainbow Flowers que nos trasportan a una fecha indeterminada al mítico The Cavern. Sorprende lo bien que suenan y como están empastados el bajo, guitarra y batería, quizás como único, pero, el sonido del micro de la batería, que sonaba un poco a lata desluciendo algún tema.

Fin del viaje psicodélico, con un bis en el que Frankie Lamberts tomo la batuta como frontman a lo T-REX, en un aquelarre de riffs setenteros. Se echó de menos la versión de See Emily Plays de Pink Floyd que solían llevar en su repertorio y que hubiese sido el broche final de la noche.
Recomendables si te gustan los grupos de neopsicodelia y con aires Woodstock, y no te importa hacer un viaje en la máquina del tiempo.










