Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla

 

Concierto perteneciente a la gira presentación del segundo disco de los californianos Militarie Gun, que lleva por título God Save the Gun (2025). Evolucionando su hardcore crudo inicial con la inclusión de sintetizadores y profundidad en las melodías, recorren el periodo de desintoxicación de su líder Ian Shelton a través de 13 cortes en los que, sin perder sus raíces de punk hardcore, experimentan con melodías más próximas a Killers o Eels.

La cita es en la Sala Copérnico de la mano de Primavera Tours, con un Sold Out que anticipaba una auténtica noche de stage diving y pogos salvajes. Una legión de seguidores que iban desde chavales pogoadictos a auténticos puretas bregados en batallas de otros tiempos (NOXF, Rancid, Bad Religion, The Exploited), se preparaban para una noche de sudor, torceduras y moratones.

Para ir calentando teníamos al trio canadienses Spite House, post-hardcore apasionado y visceral que evoca a bandas de los 90 como Jawbreaker, Samiam y Leatherface. Sus melodías son potentes, ásperas, contundentes y emotivas, y sus riffs vibran con una intensidad desbordante, donde Ashen Grey abría con toda la potencia de su sonido hardcore. Continuando con Desert, el bajo profundo de Down the Drains, la luminosa Stale Change, el momento EMO de Please Know nos repasaron el segundo trabajo de la banda liderada por Max Lajoie.

Mientras se acaba de llenar la sala y el público toma aire/cerveza nos preparamos como si reporteros de guerra se tratase para la descarga que iba a llegar en breve.

Nada más subir al escenario, el líder de Militarie Gun, Ian Shelton exigía al público energía al instante, ya fuera indicándoles que saltaran o animándolos a levantarse y lanzarse al escenario, con BADIDEA como pistoletazo de salida, con el ya característico Ooh Ooh, la base de muchos coros de la banda, a lo Sleaford Mods

Desde los primeros versos de Fill me the Paint, y recorriendo las otras 18 canciones que tocaron esa noche, el público, que llenó la sala, coreó cada palabra en la cara del quinteto angelino.

Incluso tomando tiempo para hablar con el público entre canción y canción, lograron meter 18 canciones en un set de una hora, algo corto para muchos asistentes que iban a disfrutar de la música, pero larguísimo para los que simplemente iban a tirarse al público y pegarse a modo de sesión de boxeo en un gimnasio de barrio cualquiera.

Y no hubo ni un segundo de ese tiempo en el que Shelton no estuviera paseándose de un lado a otro, saltando, o casi saltando él mismo hacia el público mientras el resto de la banda (los guitarristas Nick Hogan y William Acuña, el bajista Max Epstein y el batería Vince Nguyen, parecían empeñados en tocar riffs y golpes tan feroces que el techo podría derrumbarse.

Repasaron sus dos discos prácticamente y su totalidad, siendo los temas de su último trabajo los que más me atrajeron por ser los que más variantes musicales aportaban, como Daydream, God Owes the Money, Thought You Were Waving, Wake Up and Smile o Kick.

El fin de fiesta fue como el comienzo, con BADIDEA en un apocalipsis final de sudor y golpes donde la banda se dejó todo lo que tenían en la recámara.

La ventaja de Militarie Gun en comparación con sus contemporáneos, comparados siempre con Turnstile, es que tienen un sonido mucho más melódico que suaviza, sin perder sus raíces hardcore. Para iniciación en el Hardcore es una buena opción, ya que estamos entre el canturreo de Damon Albarn y el gruñido hardcore inspirador de Jeremy Bolm, vehículo perfecto para devolver el hardcore a las masas.