A principios de los 2000, Melon Diesel supieron capturar el pulso de una juventud que empezaba a asomarse a la adultez con dudas y vértigo. Su rock melódico, con ese aroma britpop que los diferenciaba del resto del panorama nacional y sus estribillos expansivos, encajaron como anillo al dedo en un momento social donde todo parecía posible y frágil a la vez. Lograron vender más de 350.000 copias, discos de oro y platino, e incluso el hito simbólico de telonear a Oasis en plena efervescencia. Y, de pronto, silencio. Como si alguien hubiera cerrado la puerta del local de ensayo para siempre.

Hay conciertos que son una cápsula del tiempo, y lo del pasado viernes, en la primera de las dos noches consecutivas con entradas agotadas en el Teatro Eslava, fue un claro ejemplo de ello. Desde mucho antes de que se encendieran las luces del escenario ya se respiraba algo distinto, una sensación compartida de estar a punto de recuperar una parte de nosotros mismos que creíamos archivada en un CD rayado del año 1999.

La resurrección arrancó con “Grita”, y el verbo no pudo ser más literal. Desde el minuto uno, la antigua Joy Eslava se convertía en un coro generacional que acompañaba a una banda que sonaba sólida y compacta. “Aquí estoy” reforzó la declaración de intenciones y “Nuestra historia” sonó casi autobiográfica; una canción que esa noche se convirtió en espejo de todos nosotros.

Siguieron “En el andén”, primer momento para bajar las revoluciones y “Hombre en el espejo” que profundizaba en esa introspección a la vez que sonaba honesta. “Naufrago en el Peñón” y “Al otro lado” trajeron identidad y raíces, la pegadiza “Chocolate” nos mantuvo activos antes de que “Alguien especial” devolviera el pulso eléctrico al patio de butacas.

Tras la disolución de Melon Diesel, lejos de apagarse del todo, parte de aquella energía encontró una nueva vía de escape con la formación de Taxi, proyecto nacido en 2005 y liderado por varios ex miembros de la banda. De esta etapa recuperaron “Perdido en la calle”, una canción en la que en el fondo siempre latía la semilla de Melon Diesel.

Seguía el concierto con “Tu oportunidad” y “Desaparecida”, dos temas que sirvieron de preludio a la gran traca final que arrancaba remando a “Contracorriente” (de la que poco hay que decir), la íntima “Por ti” cantada hasta la saciedad por todos los que estábamos allí, la luminosa “Niña del sur” y el cierre con “Quiero un camino” que fue la metáfora perfecta: no mirar atrás con melancolía, sino hacia adelante con determinación.

Lo del viernes no fue un ejercicio de nostalgia acomodada, sino una reconciliación con el tiempo. Melon Diesel no regresan como reliquia, sino como banda en plena forma, con músculo, con oficio y con algo que no se fabrica: verdad. Afortunadamente han vuelto. Y si mantienen esta energía, esta honestidad y esta hambre, no estamos ante un simple aniversario. Estamos ante una segunda vida. Y ojalá esta vez no se esfumen. Porque todavía tienen mucha guerra que dar.