Crónica: Sergio García Lavilla / Fotos: Javier Bragado (@madcoolfestival)

 

Han pasado unos días del Mad Cool 2026, que celebraba su 10º Aniversario, en su periplo por diversos puntos de la capital madrileña. Desde su nacimiento en 2016 en la Caja Mágica, pasando por la masificación de Valdebebas, hasta su actual asentamiento en el recinto Iberdrola Music de Villaverde, siendo un reflejo de ambición, errores logísticos, denuncias varias y, por encima de todo, noches de música memorables.

Este año no tuvimos la suerte de ser acreditados como fotógrafos, al haber reducido el número de escenarios y por las restricciones de los própios grupos, que no admitían fotografías salvo de sus propios colaboradores (que a la larga fue motivo de malestar entre los medios acreditados por el trato recibido), por lo que no podemos ofreceros fotografías exclusivas como os solemos hacer en nuestras crónicas.

La duración volvió a los cuatro días, a costa de reducir el número de escenarios, lo que provocó uno de los problemas principales que ha tenido esta edición, que han sido los SOLAPES.

A partir de aquí os vamos a resumir los principales conciertos de los cuatro días, o parte de ellos ya que había que sacrificar la duración a cambio de ver diversidad.

Miércoles 8 de Julio: El día de Foo Fighters

Empezaba el festival bajo una ola de calor que elevaba los termómetros hasta los 40º en un recinto en el que las sombras brillan por su ausencia. Los escenarios secundarios con aire acondicionado se llenaban rápidamente, más por la temperatura que por los grupos que debutaban a primera hora, a modo de zona de agrupamiento de amigos que por el mega atasco del primer día resultaba algo complicado.

A pleno sol empezaron las mexicanas The Warning que demostraron que el rock duro tiene un relevo generacional más que asegurado. Daniela, Paulina y Alejandra se plantaron en el escenario sin artificios, confiando únicamente en la brutalidad de su sonido y su compenetración técnica. Presentando temas de su disco Keep Me Fed, Paulina Villarreal ofreció una exhibición salvaje en la batería mientras cantaba con una afinación perfecta, con canciones como Choke y SICK sonaron mastodónticas en el recinto.

Sin verlas terminar nos acercamos a The Last Dinner Party, el art pop barroco de las británicas, vestidas con sus ya habituales ropajes de estética victoriana y gótica que contrastaban deliciosamente con la calurosa tarde madrileña, ofrecieron un directo teatral, magnético y musicalmente perfecto. Lideradas por la carismática Abigail Morris, que no dejó de girar y gesticular como una heroína de época trágica, la banda desgranó las canciones de su aclamado álbum de debut. Temas como Sinner y Feminine Urge sonaron compactos, ricos en armonías vocales y arreglos de viento, llegando al climax con Nothing Matters.

Nos quedamos en el mismo escenario para ver a The War on Drugs (solapados con Wolf Alice), donde la formación estadounidense desplegó su sofisticado rock atmosférico, cautivando por completo al público. Con un repaso a sus éxitos, los momentos más álgidos fueron Red Eyes y, Under the Pressure, cuyo catártico clímax fue coreado al unísono por una multitud entregada. No echamos de menos a Bigger Splash (Arde Bogotá) en el escenario Mahou Reserva mientras estábamos absortos con la banda de Adam Granduciel.

El plato fuerte del primer día estaba compuesto por la banda del ex Nirvana Dave Grohl, mundialmente conocidos como Foo Fighters. Dave Grohl saltó al escenario principal como si fuera un debutante sediento de gloria, corriendo de un lado a otro con su Gibson de color azul pelusa mientras descargaba los primeros acordes de All My Life. Durante más de dos horas y media, los de Seattle ofrecieron un recital impecable. La batería de Ilan Rubin sonó como una apisonadora, encajando a la perfección en el engranaje de la banda y rindiendo un sutil pero potentísimo tributo al eterno Taylor Hawkins en temas como My Hero y Everlong. Momentos culminantes como The Pretender o la coreada hasta la extenuación Best of You demostraron por qué, diez años después del nacimiento de Mad Cool, Foo Fighters sigue siendo el cabeza de cartel definitivo. Por cierto…solape con Vaccines y Moby (maravilloso).

Jueves 9 de Julio: El día de los Influencers y la dulzura de Florence

Seguimos con las altas temperaturas que no impedían que miles de instagramers/influencers se achicharraran al sol con sus botas cowboys y sus outfits Coachella, en un sinfín de posturas y mientras los brillos faciales se derretían con el sudor. Aquí, los más puretas, nos refugiamos en los escenarios secundarios donde, aparte del AACC había grupos que se desmarcaban un poco del empalagoso mundo de las Zara Larsson, Lorde, Jennie, abrazándonos a La Paloma como antídoto natural para llegar a Florence and The Machine. Mención especial a los chavales de Florentenes, directamente desde Bolton (Reino Unido), demostraron que el indie más crudo, directo y sin concesiones sigue muy vivo con temas como Madeline, Miss Understands o la cover de My Generation.

Era el turno de Florence Welch conocida como Florence and the Machine. Apareció sobre las tablas descalza, envuelta en un vestido de encaje vaporoso que ondeaba al compás de la brisa nocturna, transformando el escenario principal del Mad Cool en un templo pagano. Su voz, un instrumento capaz de transitar desde el susurro más íntimo hasta el grito que desgarra el cielo, inundó cada rincón. El concierto fue un torrente emocional constante, con un momento muy peculiar en Dog Days Are Over, donde detuvo el tema para pedir a las decenas de miles de asistentes que guardaran sus teléfonos móviles y se abrazaran, creando uno de los momentos más hermosos y unificadores de todo el festival. Himnos como Shake It Out, Cosmic Love y la salvaje What Kind of Man sonaron con una épica orquestal apabullante, respaldados por una banda de arpas, vientos y percusiones que rozó la perfección mística que salvó un día que muchos aprovecharon para descansar en sus casas.

Viernes 10 de Julio: Texturas densas y Rock Alternativo

El cansancio empieza a pasar factura, pero el día merecía la pena, centrándonos en los escenarios principales. El primer plato era Pixies, comandados por un imperturbable Black Francis, ofrecieron un concierto sin concesiones, sin saludos protocolares y sin respiros entre canción y canción. A lo largo de un set vertiginoso, la banda encadenó himno tras himno del rock de finales de los ochenta y principios de los noventa. Debaser, Wave of Mutilation y Gouge Away sonaron ásperas, ruidosas e increíblemente vigentes. La bajista Emma Richardson cumplió con nota recreando las icónicas líneas de bajo y voces secundarias que en su día popularizó Kim Deal. Cuando sonaron los primeros acordes acústicos de Where Is My Mind?, el recinto entero pareció levitar en un viaje nostálgico colectivo que justificó por sí solo la programación del viernes.

Sin más tiempo que ir a por algo de beber, Kings of Leon tomaban el testigo en el escenario principal. Los hermanos Followill ofrecieron un concierto sobrio, directo y centrado de forma exclusiva en la pureza de sus guitarras y la inconfundible voz rasgada de Caleb. Los de Nashville repasaron su amplia discografía, combinando los ritmos crudos e indies de sus primeros trabajos con la épica de estadio de sus discos más comerciales, con temas de su reciente Can We Please Have Fun convivieron de manera natural con clásicos de la talla de Molly’s Chambers, Use Somebody y, por supuesto, una Sex on Fire que puso a cantar al unísono a las más de 50.000 personas que abarrotaban la explanada principal.

En vez de 21 Pilots decidí dejarme caer por las atmósferas oscuras y magnéticas de A Perfect Circle e Interpol, siguiendo la línea que me había marcado. La banda de Keenan (A Perfect Circle), parapetado en las sombras de la parte trasera del escenario, nos sumergieron en un viaje de metal alternativo hipnótico y preciso. El momento cumbre llegó con la rabia catártica de Judith, donde la tensión estalló en el público, seguida de la sobrecogedora belleza gótica de The Noose y el pulso magnético de Weak and Powerless como un ritual sonoro impecable que dejó al festival en un trance reverencial.

Poco después, Interpol tomó el relevo bajo el cielo de Madrid, impecables y enfundados en sus icónicos trajes negros. Paul Banks y los suyos mantuvieron una tensión estética insuperable con el bajo monolítico de Evil desató la locura colectiva, mientras que la urgencia de Obstacle 1 y la melancolía bailable de C’Mere demostraron por qué su catálogo sigue siendo imbatible (habían tocado la tarde anterior en la sala BUT). Para cuando cerraron su set con la aceleración guitarrera de PDA y el himno incontestable Slow Hands, el Mad Cool se había transformado en un club del Nueva York de principios de siglo.

Sábado 11 de Julio: El día que Nick Cave hizo enmudecer el Mad Cool

La última jornada del Mad Cool 2026 pasará a la historia como una de las mejores noches que ha vivido la ciudad de Madrid en cuanto a música en directo se refiere. Un cierre donde la elegancia, la veteranía y el genio teatral de los artistas se impusieron para firmar una despedida inolvidable como un décimo aniversario se merecía.

El último día iba apretadísimo de solapes (cosa a mejorar el año que viene) por lo que era difícil decidirse entre ver un concierto entero o porciones de varios, algo que no sentó muy bien al público de día que tenía que elegir entre Nick Cave o Kasabian, Pulp o David Byrne, Black Crowes o Matt Berninger.

Nuestro viaje fue el siguiente, comienzo de Black Crowes, donde los hermanos Chris y Rich Robinson trajeron la autenticidad y el sudor de la vieja carretera norteamericana, ofreciendo una lección magistral de blues-rock, boogie y soul sureño que sirvió para calentar la noche madrileña. Chris Robinson, moviéndose con la elasticidad de un Mick Jagger sureño, ofreció un recital vocal impecable apoyado por un coro de voces negras que le dio un color espectacular al directo. Sonaron las guitarras afiladas de Rich en joyas como Jealous Again, Hard to Handle y la bellísima balada acústica She Talks to Angels.

Sin verlos terminar corrimos hacia el comienzo de Matt Berninger (The National). Despojado temporalmente de la coraza sónica de The National, el carismático líder derrochó su habitual elegancia melancólica, mezclando su repertorio solista con himnos cruzados que desataron la euforia masiva. El vocalista hipnotizó al público con su imponente voz barítona y su presencia sobre las tablas, paseando el micrófono con su característica e inquieta intensidad. El público estalló cuando resonaron los primeros acordes de Terrible Love, coreada con rabia por miles de gargantas. La intensidad se mantuvo arriba con la desgarradora joya indie Bloodbuzz Ohio y la rítmica pero sombría Fake Empire. Berninger demostró, una vez más, que no necesita grandes artificios para meterse al público, con temas propios como Serpentine Prison y la intimidad acústica de One More Second mientras paseaba entre el público agradeciendo su presencia y preguntando sus nombres…simplemente maravilloso.

Sin más tiempo comenzaba el que a la postre iba a ser el concierto de la Edición 2026, y si me apuran, el concierto de las 10 Ediciones del Mad Cool, el predicador del rock Nick Cave.

Lo vivido en el concierto de Nick Cave no se puede describir únicamente en términos musicales; fue una experiencia mística, una catarsis colectiva guiada por un chamán en estado de gracia. Cave, impecablemente vestido con su traje sastre oscuro, se pasó más de la mitad del concierto al borde del foso, agarrando las manos de los fans de las primeras filas, mirándolos fijamente a los ojos y cantando directamente a sus almas. Wild God, el tema homónimo de su álbum de 2024, sonó majestuoso, pero la emotividad estalló con la desgarradora Into My Arms, interpretada por Cave al piano rodeado por un silencio sepulcral que rara vez se consigue en un festival de estas dimensiones. Warren Ellis, su fiel escudero, gesticulaba y extraía sonidos imposibles de su violín y sintetizadores, creando una tormenta de ruido y belleza en temas como Jubilee Street y la terrorífica Red Right Hand.

Creo que ha sido uno de los conciertos de mi vida (Top 5) y el que no estuviera en ese concierto, no estuvo en el Mad Cool del 2026. En una sola palabra….EPICO

Todavía en trance post Cave tocaba el fin de fiesta, que en otra situación hubiese sido el concierto del día, pero era muy difícil de superar lo que acabábamos de vivir.

Tras la tempestad emocional de Nick Cave, Pulp trajo la ironía, el baile y la elegancia del Britpop más inteligente. Jarvis Cocker emergió desde las sombras elevándose sobre una plataforma central, luciendo unas gafas de pasta de dimensiones generosas y un traje chaqueta que era algo excesivo debido a las altas temperaturas, que manejó con su habitual gestualidad lasciva y distinguida. Cocker es el narrador de historias definitivo, charlando con el público madrileño en un esforzado español y transformó el escenario en una discoteca gigante con Disco 2000 y Sorted for E’s & Wizz. La banda que lo acompaña sonó compacta, recreando con fidelidad los característicos sintetizadores y guitarras sesenteras de su discografía. El cierre con Common People fue el momento de mayor comunión pop de todo el festival, un himno atemporal cantado por tres generaciones distintas que bailaron bajo la lluvia de confeti verde y los habituales inflables que cierran el festival.

Conclusión Final

Mad Cool 2026 no solo cumplió con las expectativas en la celebración de su décimo aniversario; las superó gracias a una curación musical arriesgada pero equilibrada (aunque muchos solapes importantes que deberán mejorar) y a una infraestructura que por fin se siente a la altura del festival de gran formato que Madrid merece.

El recinto de Villaverde, con sus zonas de sombra mejoradas y una distribución más racional de los escenarios, funcionó como el contenedor idóneo para una de las ediciones más exitosas, emotivas e históricas de su trayectoria.

Nos vemos en el Mad cool 2027.