Fotos: Sergio García Lavilla / Crónica: Mercedes Márquez

 

La banda americana de rock psicodélico vuelve a Madrid tras pasar en 2023 por la Sala Clamores cuando presentaban su segundo trabajo Headspace (2019). Su música evoca la nostalgia de los años 60, fusionando guitarras llenas de fuzz, melodías pop ensoñadoras y ritmos de garage rock, que crean una atmósfera vintage y lánguida, transportándonos a un viaje sonoro a otras épocas.

La cita era en la Sala El Sol de la mano de The Holy Cobra Society para presentar tanto su último EP Equinox (2026).

La banda marca una hermosa y madura evolución en el sonido pero fieles a su esencia psicodélica, exploran el concepto del equinoccio, ese punto de equilibrio perfecto entre la luz y la oscuridad, el día y la noche, reflejado en una producción mucho más pulida pero que mantiene su característico calor analógico.

Para ir calentado motores teníamos como teloneros a Dhuma, la banda madrileña rock psicodélico e instrumental nacida de componentes de otras formaciones madrileñas. Presentando temas de su álbum debut Reptile Cosmic Mambo, nos sumergieron en un viaje sideral a través de improvisaciones, potente sonido fuzz, pasajes desérticos y un vibrante rock ácido. En apenas 30 minutos nos dejaron entrever su potencial y su sonido envolvente, con temas como Roadless, Tropic Thunder o Lizards.

Sin más preámbulos el concierto arranca con Equinox como intro instrumental para dar paso a Light Me Up con una línea vocal suave, batería y bajo hipnóticos, guitarras con delay y reverb que muestran como han evolucionados los angelinos.

La transición hacia Not Your Fool mantuvo al público flotando, atrapado en ese vaivén de guitarras con fuzz y reverberación orgánica. Con Crystal Ball, la sala se convirtió en un club gótico-lisérgico, el ritmo hipnótico de la batería y las líneas de bajo envolvieron a los asistentes, quienes balanceaban sus cuerpos en una especie de trance colectivo.

Uno de los momentos cumbre de la noche llegó con el bloque central, Pintura/Warmth se sintió como una ola de calor analógico en pleno invierno. Justo después, su ya icónica versión de Ooh Child inyectó una dosis de soul psicodélico que desató la euforia, que continuó con Mr. Polydactyl Cat, Inmortal Love y la garagera Cool it Baby.

El concierto iba llegando a su final, tras el paso de Standing in the Rain y la coreada Friends, la banda regaló una de las sorpresas del formato Equinox, que era ni más ni menos que Tom (su aclamada reconfiguración del clásico de Dylan, Just Like Tom Thumb’s Blues), ejecutada con una distorsión abrasiva.

La recta final con Strange Weather y el amago de final que fue completada en bises con Reasons Why cerró la noche en una absoluta tormenta de teclados flotando en el aire mientras los amplificadores acoplaban dejó claro que Levitation Room sigue siendo uno de los estandartes más en forma de la escena psicodélica actual.

Para entender la música de Levitation Room hay que viajar en el tiempo a la California de finales de los años 60, específicamente a la escena del Sunset Strip en Los Ángeles y al Summer of Love de San Francisco, donde las melodías cálidas impregnadas en LSD y otros psicotrópicos marcaron el movimiento Hippie que tan famoso se hizo en Woodstock.