Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla

Tras un 2025 repleto de conciertos de todo tipo de estilos, nacional e internacional, Festivales más o menos acertados en cuanto a configuración de carteles, preventas con casi más de un año de antelación vendidas en horas, pre sales virtuales, la vuelta de Oasis, la muerte de Ozzy Osbourne,…….no podíamos despedirnos mejor que con una de las bandas de siempre, de las que no necesitan presentación, de las que tras 35 años de carrera siguen teniendo las ganas de innovar de sus inicios como son los granadinos Lagartija Nick.

El trío original formado por Antonio Arias, Eric Jiménez (esta vez no pudo estar) y Juan Codorníu acompañados del teclista J.J Machuca, han recorrido buena parte del país para repasar prácticamente todos sus discos, recalando en Madrid en la Sala del Movistar Arena con un casi Sold Out de la mano de Montgrí Records (Cala Vento).

Escondidos en los bares de la zona, ataviados con vestimentas negras, esperábamos a que los seguidores de Dani Martin, en el enésimo concierto en el Movistar, entraran en el enésimo concierto del cantante. Apurando los últimos tercios, nos fuimos para la Sala, sin teloneros, sin efectos visuales, sin colaboraciones, simplemente ellos, Lagartija Nick.

Tras la salida de su primer y único disco en directo Eternamente en Vivo (2025), tocaba presentarlo en sociedad, en un recorrido por toda la discografía de la banda, en la que han tocado casi todos los palos, desde del post-punk de Hipnosis (1991) e Inercia (1992), al flamenco de OMEGA (1996) con la compañía de Enrique Morente, el contundente Val del Omar (1997) al accesible El Shock de Leia (2007), con giros radicales como Crimen, sabotaje y creación (2017) o el reciente El Perro Andaluz (2023) en el que recuperaban el poemario inédito del cineasta Luis Buñuel.

Con un público que rondaba los 60, siguiendo a los granadinos desde 1991, arrancaban con Sonic Crash, guitarreo post punk de Hipnosis que daba paso a Lo Imprevisto acelerado, magnífico, atronador que empastaron directamente con Hipnosis modernizada por los synthes de Machuca.

Como si de un paseo cronológico por su discografía se tratase, llegaba Estratosfera de Su (1995) revitalizado, fresco como si lo hubiesen compuesto ayer mismo con un público que no paraba de corear todas y cada una de ellas. Antonio Arias lo ha repetido muchas veces, el caos es necesario para mutar, para mantenerse en vuelo: no instalarse en la comodidad, sino saltar una y otra vez al precipicio.

El recorrido por su discografía nos trajo momentos brillantes con La Curva de las Cosas, Agonía agonía, Niña Ahogada en el Pozo, Buenos días Hiroshima (aunque dijeron Palestina), 20 versiones cargada de emoción al saberse ligada al recuerdo de Honest John Plain, Conmigo Crece el Caos, Nuevo Harlem y el paso a bises de Celeste quizá la interpretación más extática cruzándose las resonancias de José Val del Omar y el eco imborrable de Enrique Morente.

La gente sabía que todavía quedaba cuerda al grupo y el bis se fue a 5 temas que fueron Meca-mística, Satélite, El signo de los tiempos, Esa extraña inercia y Ciudad sin Sueño.

Terminaron como un grupo que acaba de tocar por primera vez, con la ilusión, el vaciado total, el agradecimiento, el reconocimiento a la entrega del público, el saber que lo han dado todo y que no se han guardado ni una gota de sudor. Probablemente el bolo del año, el que no te esperas y disfrutas como un adolescente en plenos 90.

Lagartija siempre han sido algo más que una banda de rock, son un proyecto artístico atravesado por literatura, cine, política y espiritualidad.