Crónica: Carlos Blanco / Fotos: Alex Rico
El regreso de La Excepción a los escenarios no ha sido una estrategia de marketing de nostalgia, sino la constatación de que su discurso mantiene intacta su vigencia más de dos décadas después. Tras el lleno absoluto de la jornada anterior, la sala La Riviera acogió la segunda y última de sus dos citas programadas en un concierto que sirvió de termómetro definitivo para medir el impacto real de la veterana formación en el panorama musical actual tras años de silencio. Esa transversalidad se reflejó en un perfil de público que unió a dos generaciones: desde los seguidores de la vieja escuela que vivieron el nacimiento del grupo a principios de los dos mil, hasta los jóvenes oyentes de la nueva ola de la música urbana, quienes reconocen en el combo madrileño una influencia fundacional.


La velada transitó desde el vacile y la cadencia rítmica de “Hoy Frescuni”, donde Gitano Antón se lució con su particular elegancia al micrófono, pasando por “Chabules” junto a Irie Angel, hasta llegar a “Amos Chacho”. Este último, iniciado por El Langui a capela, se alza como uno de los mayores himnos de su discografía gracias a su pegajosa e icónica base. Tampoco faltó “Jeeesus”, un ejercicio de destreza y oficio a la hora de escupir barras puras de hip-hop.
Entre ‘La peñita al compás’ se encontraba Rellenito Makeijan, quien además de ejercer como corista, aportó su característico toque de humor en varios momentos del directo. Si se habla de humor, el momento cumbre llegó con “Zapato Ortopédico”, donde El Langui manejó los tiempos con soltura en un clásico de su realidad cotidiana de barrio al que imprimieron un ritmo más rápido en directo. También sonaron “TACHI” (en colaboración con A93 y Young Gipsy), “Se Muera La Madre”, “Aguantando El Tirón”, cargada de ironía, agilidad lírica y un firme mensaje de dignidad obrera o “El Tio Aquiles”.

Quince años después de su última gira, la sincronización lírica y el dinamismo entre ambos MCs se mantuvieron intactos. El repaso continuó con “Flow y al kompás”, “Sin escaleras era mi escuela”, otro de los pasajes autobiográficos sobre las dificultades de la infancia de El Langui, “Marcao pa to la vida”, “Empecé” (con la colaboración en las tablas de Swan Fyahbwoy) y “Gorrión Bernardino”.
Uno de los puntos álgidos de la noche fue “Besolla F.S.”, una radiografía perfecta del sonido primigenio de la banda. Puro rap madrileño repleto de códigos locales y argot cheli que puso a asentir las cabezas de toda la sala de principio a fin.

La Excepción no solo demostró que sus composiciones han envejecido con máxima dignidad, sino que su discurso de clase y autenticidad sigue encontrando un eco poderoso en las nuevas generaciones.





