Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla
Concierto perteneciente a la gira de La Bien Querida, presentando su último álbum ‘LBQ’ (2025) dentro del ciclo Inverfest, en lo que es su octavo trabajo de estudio, que retoma el sonido de sus orígenes, a la sencillez, al indie más puro.
Ana Fernández-Villaverde, comenzó su carrera en 2008 y lanzó su primer álbum ‘Romancero’ en 2009, que fue aclamado por la crítica y elegido como mejor disco nacional del año por varias revistas especializadas. A lo largo de su carrera, ha explorado diversos géneros, desde el indie pop hasta el synth pop y el folk.
La cita era en La Riviera, en un domingo donde la lluvia no quitó las ganas, a un público incondicional, de acompañar a la bilbaína en una noche que se presentaba mágica.
Con la sala prácticamente llena, el escenario presentaba un arco de flores que actuaba a modo de pórtico floral, por donde aparecería previsiblemente La Bien Querida. Con algo de retraso para dar tiempo a entrar a los últimos rezagados, se llenó el escenario de humo a modo de neblina, atenuando la luz para que, tras tomar posiciones la banda soporte, apareciese vestida de blanco, cual sacerdotisa celta, bajo un griterío propio de estrellas Taylor Swift.
Ni bien ni mal fue el tema de apertura, sonido muy ochentero de synthes con estribillo muy pegadizo, que arrancaba el show para poder la directa con Eso que tengo Contigo, único tema de Paprika que sonó en toda la noche. Como un perro cerraba el trio de inicio, un tema con regusto rock, marcando mucho el tempo de la batería y estribillos tras crescendos de guitarra, que tapan en muchos casos la voz de Ana, en un sonido que no acababa de estar limpio y ajustado.

Corpus Chisti nos lleva a Romancero, recordándonos sus orígenes más próximos a grupos como La Buena Vida, sencillez y letras profundas que cautivaron a muchos de sus actuales seguidores. Giro radical con Podría haber sido y un autotune bajo efectos synth que muestra la evolución de la cantante hacia ritmos más bailables, que fueron rápidamente olvidados con Muero de Amor, uno de los temas principales y escuchados de toda la trayectoria de LBQ.
A estas alturas tengo que decir que el sonido no terminó de funcionar, se oía muy grave (tanto delante, como en la parte alta y trasera) impidiendo en muchos casos entender a Ana, en lo que es su fuerte, las letras. La banda más que ayudar en los directos, la tapaba y no maridaba en muchos temas de su último trabajo. Sin contar con el humo excesivo que hacía efecto espejo de las luces impidiendo ver bien desde las zonas más alejadas.

Fin de fiesta con la versión de Por que te vas de Jeanette que es un win win, clásico de toda la vida que cerró una noche de luces y sombras en el que no fue uno de los mejores conciertos de LBQ. La cantante gana muchísimo cuanto más cercano es el espacio elegido y mas limpio es el sonido (sin tanto synthe), llegando con su voz al corazón de un público que estaría algo más callado que en la amplitud de la Riviera.










