Crónica: Sergio García Lavilla /
Fotos: Vega Halen (Noches del Botánico)
Primer de los dos conciertos que el compositor francés Jean Michel Jarre dará en el ciclo Noches del Botánico, con un Sold Out del que no había ninguna duda.
Hablar de Jean-Michel Jarre es hacerlo del hombre que transformó la música electrónica de un experimento de laboratorio en un fenómeno de masas planetario. Nacido en Lyon en 1948 armado con sintetizadores analógicos que hoy son reliquias sagradas, concibió Oxygène (1976) un lienzo sónico que vendió millones de copias y alteró la percepción del espacio y el tiempo musical.
Su trayectoria es una metamorfosis constante que enlaza el ambient, el synthpop y, más recientemente, la exploración de la inteligencia artificial y el sonido binaural en su aclamado proyecto Oxymore (2022).
El recinto de Noches del Botánico permite una experiencia previa al concierto, donde Food Trucks, Zonas de Relax, Música ambiente, que hizo que a un par de horas del evento estuviese prácticamente lleno. Los más seguidores esperaban cerca del escenario pese a las altas temperaturas, para no perderse ningún detalle del espectáculo del francés, que a sus 77 años, sigue siendo todo un pionero de la electrónica.
A la hora prevista con puntualidad exquisita se apagaron las luces y los primeros compases de Les Chants Magnétiques 1 inundaron el recinto con una fidelidad sobrecogedora; el tintineo de las secuencias secuenciales funcionó como un recordatorio de que Jarre sigue manejando las texturas pop-experimentales mejor que nadie. Casi sin respiro, The Opening un torrente de sintetizadores pesados que envolvieron al público en una atmósfera cinematográfica. La tensión rítmica escaló de inmediato con Sex in the Machine, una percusión implacable que dio paso al misticismo acústico llegó con Oxymore, una pieza donde el sonido multicanal envolvió el espacio de manera tan física que parecía que las texturas flotaban en el aire. Aquí Jarre cogió el micrófono y agradeció el estar en España, recordando grandes artistas que le habían inspirado a lo largo de su vida, Dali, Buñuel, interactuando con el público cual pastor evangelista.

El regreso a las raíces no se hizo esperar con el clásico imperecedero Oxygène 2, enlazando con Arpegiateur, mientras la sincronización entre las monumentales pantallas de vídeo y las ráfagas láser transformó el escenario en una matriz tridimensional, cerrando un primer bloque con Equinoxe 7 utilizando unas gafas donde de forma distorsionada veíamos por las pantallas como trabajaba en “su cocina”.
Los temas iban cayendo recorriendo toda su carrera, el dance de The Architect, los sampleados humanos de Zoolookologie recordando los 80s, el misticismo de Zero Gravity, la industrial Revolution Industrielle 2, mientras nos acercábamos hacia la recta final que comenzó a delinearse con las hipnóticas líneas de Herbalizer.
El concierto enfiló su desenlace encadenando tres bombas rítmicas: el pulso abrasador y vanguardista de Brutalism, seguido por la sorprendente potencia hipnótica de Oxygène 4 (Astral Projection Remix), una reinvención psicodélica y acelerada de su mayor éxito que transformó el recinto en una gigantesca rave al aire libre. La apoteosis final de este bloque llegó de la mano de Epica y la euforia melódica de Stardust
Tras unos minutos de aplausos ensordecedores Jarre regresó al centro del escenario con una sonrisa cómplice porque quedaba lo mejor, Les Chants Magnétiques 2 desató la locura colectiva, con sus notas brillantes y su ritmo optimista transportaron instantáneamente al público a 1981, para terminar con Quatrième Rendez-Vous con el público completamente entregado, acompañando el ritmo con las palmas mientras una lluvia de rayos láser cruzaba el cielo. Fin de fiesta con Jarre corriendo como un adolescente y haciéndose un selfie, mientras nos citaba para la siguiente fecha en Madrid…en tan solo una semana…IMPRESCINDIBLE.





