Crónica: @mr.barciela

 

El Iberdrola Music Festival convirtió Madrid en el epicentro de la música en directo con una cita que reunió a más de 35.000 asistentes para celebrar el 125 aniversario de la compañía. Durante más de siete horas, el recinto Iberdrola Music acogió un cartel que combinó artistas nacionales e internacionales, ofreciendo una jornada marcada por la diversidad de estilos y la buena respuesta del público.

La programación fue creciendo en intensidad con las actuaciones de Lola Bozzano, Álvaro de Luna, Ana Mena, Manuel Carrasco y el esperado cierre a cargo de Lenny Kravitz, en un ambiente festivo que fue mucho más allá de los conciertos. El evento contó con la presentación de Cristina Boscá y la animación musical de David Álvarez, ambos rostros habituales de “LOS40”, además de diferentes actividades de ocio repartidas por el recinto.

La vertiente solidaria también tuvo un papel destacado, ya que parte de la recaudación obtenida con la venta de entradas se destinó a apoyar la labor de varias organizaciones sociales, reforzando el carácter benéfico de una cita que unió música y compromiso.

Con cerca de treinta y siete grados y un sol implacable, el calor no fue suficiente para frenar las ganas de música. Desde las cinco y media de la tarde, hora en la que se abrieron las puertas del recinto, miles de asistentes comenzaron a acceder al Iberdrola Music dispuestos a disfrutar de una jornada de conciertos y celebración.

Para muchos de los habituales de los festivales estivales, esta cita también sirvió como una primera toma de contacto antes del Mad Cool. Compartiendo recinto, el festival se convirtió en una especie de ensayo general para quienes cada mes de julio vuelven a llenar este espacio madrileño.

Los encargados de inaugurar la jornada fueron Lola Bozzano y Álvaro de Luna. Muchos asistentes no dudaron en desafiar al intenso sol madrileño y ocuparon desde el primer momento la pista central frente al escenario. Otros, en cambio, optaron por refugiarse en las escasas zonas de sombra mientras seguían los conciertos sentados sobre el césped artificial con bebida refrescante en mano.

Entre actuación y actuación, Cristina Boscá y David Álvarez, voces habituales de LOS40, fueron los encargados de mantener la animación del festival y presentar a los siguientes artistas. A las siete menos cuarto llegaba el turno de Ana Mena, que ofreció un espectáculo repleto de coreografías y algunos de los temas más conocidos de su repertorio. Vestida con un llamativo diseño corto adornado con plumas, que evocaba la imagen de un ángel, consiguió que buena parte del público abandonara las zonas de sombra para acercarse al escenario. Su propuesta, muy influenciada por el pop internacional pero con una marcada personalidad latina, confirmó que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera.

Con un ligero retraso sobre el horario previsto, Manuel Carrasco saltó al escenario pasadas las nueve y cuarto. Para quien firma estas líneas, era el gran atractivo nacional de la noche antes de la esperada actuación de Lenny Kravitz. El propio cantante recordó durante los saludos que ejercía como telonero del artista estadounidense, una circunstancia poco habitual para uno de los músicos más importantes del panorama español.

El onubense ofreció una actuación muy sólida, apoyada en una impecable banda y un coro góspel que aportó aún más fuerza a un repertorio construido prácticamente a base de éxitos. Después de sus multitudinarios conciertos en el Estadio de La Cartuja de Sevilla, Manuel Carrasco regresaba a Madrid presentando “Pueblo Salvaje I” en un formato más reducido, aunque sin renunciar a la esencia de un espectáculo pensado para mantener al público conectado de principio a fin. Sonaron canciones como «Pueblo Salvaje», «No dejes de soñar», «Hay que vivir el momento», «Yo quiero vivir», «Uno por uno» o «Qué bonito es querer», todas ellas recibidas con entusiasmo por los asistentes.

Pero no todo fue música. También hubo espacio para la reivindicación. El artista hizo referencia a la polémica surgida tras sus conciertos en Sevilla, donde algunos comentarios y determinados medios centraron su atención en su forma de vestir e, incluso, llegaron a cuestionar su orientación sexual. Carrasco lamentó que este tipo de debates sigan existiendo en pleno 2026 y respondió de la mejor manera posible, interpretando una emotiva bulería únicamente acompañado de su guitarra, un momento que fue recibido con una gran ovación por parte del público.

Y, como colofón a la noche, aunque también con cierto retraso sobre el horario previsto, a las once y media aparecía Lenny Kravitz. Guitarra en mano, con sus inseparables gafas de sol y sus características rastas, abrió el concierto con «Bring It On», dando comienzo a un espectáculo que cumplió con creces las expectativas de los miles de seguidores que aguardaban su salida.

Desde el primer minuto quedó patente la excelente calidad del sonido, uno de los aspectos más destacados de toda la jornada. De hecho, ojalá los responsables del Mad Cool tomen nota, porque después de varios años asistiendo al festival, pocas veces he escuchado el escenario principal con una nitidez semejante. Kravitz dominó el escenario con absoluta naturalidad, alternando la guitarra y el bajo, recorriendo cada rincón de la tarima y demostrando que, a sus sesenta y dos años, sigue siendo un auténtico animal escénico. Incluso se dirigió al público en español para lanzar un mensaje de paz, amor y perdón, un gesto sencillo que fue recibido con una sonora ovación.

Lenny Kravitz mantuvo prácticamente el mismo repertorio que había presentado unos días antes en el Festival de Nîmes (Francia), construyendo un concierto en el que no faltaron algunos de los grandes himnos de su carrera. «I Belong to You», «Again», «American Woman», «Fly Away» y el explosivo «Are You Gonna Go My Way» fueron cayendo uno tras otro, confirmando por qué sigue siendo uno de los grandes referentes del rock internacional. Cada tema fue recibido con una entrega absoluta por parte de un público que, pese al intenso calor acumulado durante toda la jornada, aún tenía fuerzas para cantar, bailar y celebrar.

Con los últimos acordes resonando en el Iberdrola Music, el festival bajó el telón a una jornada que fue mucho más que un concierto conmemorativo. El calor sofocante, las largas horas de música en directo y un cartel capaz de reunir a artistas de estilos muy diferentes terminaron dando forma a una cita que mantuvo al público conectado desde la apertura de puertas hasta el final de la noche. Una celebración de los 125 años de Iberdrola que encontró en la música su mejor lenguaje y que dejó la sensación de haber asistido a una de esas jornadas que, sin pretender reinventar el formato, cumplen con creces aquello que prometen, reunir a miles de personas para disfrutar de la música en directo.