Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla

 

Concierto perteneciente a la gira Odyssey 2026 del cantautor David-Ivar Herman Dune, donde nos presenta los temas de su disco homónimo lanzado en 2025, tras 25 años y 15 álbumes.

Gestado en pandemia en Canadá, donde quedó atrapado cual Ulises en la isla de Ogigia por Calipso, no pudiendo viajar a EEUU para ver a su esposa enferma. Encerrado en un hotel vacío, visitando cada día la tumba de Leonard Cohen, acabó inspirando el álbum entero, que nos presenta en directo en la Sala Villanos (antigua Caracol) de la mano de Primavera Tours.

La sala se fue llenando poco a poco, aprovechando el domingo soleado en la capital, los asistentes apuraban los últimos rayos de sol antes de sumergirse en el viaje que nos esperaba de regreso a Ítaca.

El escenario presentaba las guitarras que David iba a utilizar durante el concierto, sin banda, sin artificios, solamente su voz y su arte para poder navegar a través de las aguas de la Villanos.

Con apenas unos minutos de retraso, se apagan las luces mientras David va encendiendo, cual candiles que guiarán su camino, unas luces de tipo marinero que generan sombra más allá de iluminar el escenario.

Paulette Pt.1 abría la noche con el punteo folk con toques Dylan (esa armónica inconfundible) dando paso a A River Keeps Running aka When a Good Man Dies tras el que se encendieron las luces del escenario y, dándonos las gracias por estar allí (con la sala prácticamente llena), nos contaba que era la primera vez que venía a Madrid y que había tomado vino y croquetas. Estableciendo una complicidad desde el inicio con el público, pese al calor que le daba el gorro que eligió su mujer para la portada del disco, provocando las risas del público, nos preparaba para lo que iba a venir.

Luego llegó la música, con una estética minimalista perfecta para ofrecer su música folk clásica, con melodías impecables y estribillos pegadizos. David Ivar conoce la fórmula con joyas como No Dice, Buffoon Of Love, My Home is Nowhere Without You, Sneakers on the Telephone Line, con el foco puesto en su último álbum, derrochando anécdotas (las zapatillas colgadas marcando puntos de droga en Los Angeles y los gatos negros de su mujer) y dejándonos en silencio con una voz que te envuelve cual Flautista de Hammelin.

Pero, sobre todo, el artista sabe captar la atención del público, algo difícil cuando se está solo con la guitarra: cambios de instrumento (el ukelele en Take Him Back to New York City), el laúd hecho a medida por Johan Johansson (en el reciente Head Against the Wall), e incluso, entre acordes sencillos, un inesperado despliegue de virtuosismo en ciertos temas (como los solos casi flamencos en My Home Without You y Holding a Monument, al final del set).

Sombras y luces, siempre jugando con ellas, bromeando con ‘¿Vieron mi espectáculo de luces? Se lo robé a Daft Punk’. Ivar apaga todas las luces del escenario excepto una al final del concierto, pidiendo al público que apague las suyas para realzar la belleza crepuscular de Into the Darkness Indeed que usó para desaparecer en la oscuridad antes de volver con un par de temas a modo de bises.

Los temas de despedida fueron Black Dog y otra vez en penumbra Lemon (2018) para cerrar una noche mágica, apagando la última luz del escenario a modo de final de viaje, regresando por fin a Ítaca.

La belleza del folk clásico estadounidense, impregnada del sudor de su polifacética vida y marcada por su empatía y humor naturales, hacen de Herman Dune uno de los conciertos imprescindibles en la actualidad.