Crónica: Víctor Robi
Fotos: Sergio García Lavilla

Cerrando el mes, nos acercamos a ver a una de las bandas más potentes del otro lado del charco. Fin del Mundo mezcla atmósferas instrumentales con tintes de shoegaze e indie, y transmite emociones como la melancolía, la introspección y la desolación.

Pasadas las 10, la banda salió a escena para deleitarnos con Una temporada de invierno, donde se percibe la diferencia entre su debut y su segundo trabajo: un sonido más claro, pero con el mismo sentimiento. Cuando todo termine fue muy bien recibido por el público, una entrada sólida que deja claro por qué estas fechas merecen atención.

Lo que más me impresionó fue la solidez de su actuación en directo, que muestra una clara evolución ascendente. Lo demostraron con El día de las flores y Vivimos lejos, esta última dedicada a todas las personas migrantes, que tenían una fuerte presencia en la sala.

Lo que sí mantienen es esa complicidad contagiosa, como se pudo apreciar con El próximo verano. Hasta ese momento, el concierto estaba siendo excepcional, solo empañado por el público que iba a charlar: algo molesto en este tipo de shows, y en este caso, aún más. Sin embargo, toda esa sensación se disipó con los primeros acordes del melocotonazo La noche, que consiguió callar a las cotorras de la sala.

El tiempo volaba, y casi sin darnos cuenta se despidieron Refugio y Devenir paisaje, mostrando por qué son una de las bandas post-rock del momento. Todavía quedaba algo más de traca con Vendrá la calma y la espectacular Incendio, con la que cerraron el show.

Las argentinas que saltaron a la fama por su sesión en KEXP, y que entonces eran una de las bandas más prometedoras del país y del género, ya no son una promesa: son una realidad. Evolucionan de forma sólida sin perder su esencia. Por eso, os recomendamos que, si aún estáis a tiempo, vayáis a sus conciertos. Probablemente se conviertan en una de vuestras bandas favoritas.

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