El pasado viernes, el Movistar Arena se convirtió en un auténtico parque de atracciones del metal, un espacio donde la agresividad sonora y el buen ambiente convivieron sin pedir permiso. La gira europea de Electric Callboy recalaba en Madrid para reafirmar el idilio que la banda alemana mantiene con el público español. Acompañados por Wargasm y Bury Tomorrow como teloneros, la noche prometía contraste: de la oscuridad ritual del metalcore británico al hedonismo desatado de un grupo que ha transformado el metal en una rave sin complejos.
Ni el frío ni la lluvia de la tarde madrileña frenaron a un público que llegó dispuesto a pasárselo bien y desconectar. Muchos de los asistentes, enfundados en chándales fluorescentes, cintas de pelo, gafas estrafalarias y accesorios fosforitos, convirtieron la pista en una extensión del particular imaginario visual de Electric Callboy, un código estético que funcionaba como contraseña de acceso a una celebración compartida.
La responsabilidad de inaugurar la velada recayó primero en Wargasm, dúo británico de rock electrónico, y más tarde en Bury Tomorrow, cuando ya buena parte del recinto estaba lleno. Sin artificios ni ironía, su propuesta actuó como el contrapunto perfecto: riffs afilados, breakdowns contundentes y una puesta en escena que el público correspondió con respeto y entrega. Abrieron con los riffs densos de “Choke”, seguidos por “DEATH (Ever Colder)”, que intensificó el clima opresivo, además de “Boltcutter”, “Let Go” y “Black Flame”. Si Bury Tomorrow ofrecieron la cuota necesaria de oscuridad, Electric Callboy iban a aportar toda la luz… de neón.

A las 21:15, la banda alemana irrumpió en escena con un espectáculo total en el que metalcore, electrónica y humor autoconsciente se abrazaron sin prejuicios. “TANZNEID” activó el modo rave-metal desde el primer segundo, transformando el Movistar Arena en una enorme pista de baile. Después llegó la versión de “Still Waiting”, guiño generacional y carta de presentación implícita de su nuevo batería, Frank Zummo, fichado recientemente tras su paso por Sum 41 y que es el actual dueño de la batería de Electric Callboy. “Tekkno Train” convirtió el recinto en un viaje sin frenos, mientras “Hypa Hypa” retumbó acompañada por un despliegue visual sobresaliente. Le siguieron “MC Thunder”, “Neon”, el homenaje irónico al músculo y al baile de “Pump It”, el vendaval sonoro de “Hurrikan”, y un mash-up de “All the Small Things” con “Bodies” pinchado por Electric Bassboy desde el centro del escenario. Tras ellas, “Revery”, “Hate/Love” y “Mindreader” antecedieron un solo de batería que confirmó el nuevo músculo rítmico del grupo, muy bien recibido por los fans por cierto.

Uno de los momentos más esperados llegó con “Fuckboi” en formato acústico, interpretado desde un pequeño set instalado en medio del recinto, borrando cualquier frontera entre escenario y banda. Nos acercábamos al final, un tramo que desató la locura con “Everytime We Touch”, “MC Thunder II (Dancing Like a Ninja)” y “Elevator Operator”, poniendo así el broche a una noche en la que el metal se reivindicó como un espacio de libertad absoluta.










